jueves, 29 de enero de 2015

El club | 3

Publicado por BuenBato en 11:04
Eliseo, bajaba las escaleras.

- Llegan en veinte minutos - dijo 

Blanca y Pilar lo miraban, sentadas en la sala. El rostro de Blanca mostraba señales de ira, el de Pilar, completo desconcierto. Habían hablado la noche anterior, para revisar los últimos detalles. A Pilar le costaba entender por qué debía hacer aquello, y Eliseo tuvo que aguantarse las ganas de estallar en gritos. La chica estaba demasiado nerviosa, y Eliseo había temido que aquello fuera a arruinarlo todo. De nada serviría que sólo Blanca lograra su cometido, también Pilar debía convencer a Santino.

Esa tarde lo habían repasado todo de nuevo; y Eliseo quedó más tranquilo al ver que Pilar comprendía lo que debía hacer. Ahora era Blanca quien le preocupaba, la mayor de las hermanas se había mostrado renuente en sus descalificaciones, y desconfiaba que la amenaza de los videos fuera suficiente para obligarla a aquello. Pero debía arriesgarse, la suerte estaba echada.

- ¿Están listas?

Blanca no respondió, pero Eliseo no esperaba que lo hiciese. Pilar respondió afirmativamente con un movimiento de cabeza, tal y como respondería alguien que se sabe sin alternativa.

- Perfecto – dijo Eliseo, como si aquello fuera la organización de la Copa del Mundo – Entonces suerte.

Quince minutos después el timbre sonó; Pilar subió las escaleras, corriendo, mientras que Blanca se mantuvo en la sala, mirando el televisor. Era extraño que Eliseo recibiera visitas; sus trabajos en equipo rara vez los realizaba en casa, no porque sus padres se lo prohibieran, sino porque sus hermanastras tenían la costumbre de fastidiarle a él y a sus amigos. Pero las cosas habían cambiado hacía tiempo, y esta vez Eliseo pensaba aprovecharse de ello.

 Santino, su mejor amigo, entró, y de tras de él su gemela, Sarah. Los tres conformaban siempre los equipos de trabajo. Sarah era una chica rubia, con una piel tan clara como Santino; tenía un rostro extraño, por la gran nariz que había entre sus ojos, pero aquel defecto quedaba anulado con el resto de ella. Eliseo siempre se había visto atraído por ella, al grado de que no pudo evitar revelárselo a Santino, pero este no le dio muchas esperanzas: Sarah era una chica extraña, tan extravagante como hermosa.

Sus anteriores parejas habían sido hombres mucho mayores, tipos raros e incluso mujeres, por lo que Eliseo parecía estar fuera de los candidatos posibles. Pero, ahora esperaba cambiar aquello. Santino, por su parte, era un tipo tranquilo, una especie de Buda citadino que rara vez se molestaba y parecía carecer de preocupaciones. Era bien parecido, y alto. Sin embargo, su personalidad siempre estuvo moldeada por la amistad de Eliseo, quien solía tomar las decisiones de los equipos de trabajo, tanto por la pasividad de Santino como por el distraído desinterés de Sarah.

Ahora estaban ahí para realizar el trabajo de fin de periodo de la clase de ciencias sociales, habían acordado que, como siempre, se realizaría en casa de los padres de los gemelos, pero esta vez Santino los sorprendió invitándolos por primera vez a realizar el trabajo en la casa de su padrastro. La novedad hizo que los gemelos aceptaran sin problemas, sin imaginar en lo absoluto las verdaderas intenciones de Eliseo.

Eliseo los invitó a sentarse a la sala, donde les presentó a una sorprendentemente amable Blanca. La actitud de la chica sorprendió a Santino, que tenía una descripción diferente de lo que era ser una hermanastra de Eliseo. A Sarah, sin embargo, pareció llamarle más la atención las preciosas piernas de Blanca, que vestía unos pantaloncillos azules de algodón extremadamente cortos, tal y como se lo había indicado Eliseo.

Su hermanastro no ignoró la curiosa mirada de Sarah hacía el cuerpo de Blanca, y aquello le infundió el ánimo de continuar con el plan.

- Vengo en un momento – dijo Eliseo, antes de subir corriendo a su recamara.

Dentro de su cuarto parecía haberse instalado un equipo de la CIA, las lucecillas de una reluciente antena bluetooth parpadeaban al lado del ordenador. En la pantalla aparecían dos cuadros de video, en uno se podía ver a Pilar, sentada nerviosamente en la orilla de su cama; en la otra, aparecían los gemelos y su hermanastra, mirando el televisor. Sonrió al ver que la calidad del video era buena, y rogó porque ninguno de los gemelos notara la presencia de las cámaras.

Dio click en el botón de REC, y se aseguró de que el disco duro externo estuviese correctamente enchufado. Tomó las llaves de su cuarto, y cerrándolo con seguro salió de ahí. Ahora podía dar inicio.

Salió de la recamara, corrió hacía el cuarto de sus hermanastras y toco suavemente la puerta. Dio media vuelta, sin esperar que nadie abriera. Bajó rápidamente las escaleras, con una expresión de simulada contrariedad.

- Dice tu papá que debo ir a ayudarles – dijo, con un tono molesto a Blanca.

Blanca tardó en reaccionar, pero de pronto pareció despertar de sus pensamientos.

- ¿Ayudarles a qué? – preguntó, nerviosa
- A llevar unas cosas a la oficina del señor Mendoza, el de las visas.
- Umm… - murmuró Blanca.

El rostro de Santino parecía buscar una explicación por parte de Eliseo. ¿Los pensaba abandonar con el trabajo final encima?

- Lo siento chicos – dijo Eliseo – ¿Podrán ir adelantando el trabajo? No tardare más de hora y media, calculo.

Los gemelos se miraron, estaba claro que no había más opción, de modo que aceptaron.

Eliseo tomó su mochila, y se vistió la chamarra.

 - Les aseguro que no tardo – dijo, despidiéndose de sus amigos.

Antes de cerrar la puerta, dirigió una última mirada a Blanca. No estaba seguro de cómo saldría todo, pero esperaba que resultara. Ella simplemente lo miró desaparecer tras la puerta, sin reflejar en sus ojos pensamiento alguno.

Sola ahora con los gemelos, Blanca estuvo mirando durante un minuto el televisor. Tampoco los gemelos despegaban la vista, estaba claro que la situación era un tanto incomoda. Blanca se armó de valor y miró a Sarah, regalándole una sonrisa. La chica respondió amablemente, mientras los nervios corrían por la mente de Blanca. No sabía cómo era flirtear con una mujer, pero esperaba que no fuera demasiado distinto a con los hombres.

Blanca estaba nerviosa, se preguntaba en qué momento reaccionaría Pilar. Miraba una serie de televisión, en el reproductor Blu-ray, bastante buena en realidad, sobre un grupo de chicas lesbianas. Según Eliseo, aquello animaría un poco las cosas. Blanca se sentía estúpida, de verdad no creía que aquello funcionara. Sabía que Pilar no tendría problemas pero ella no sabía porque una chica prácticamente desconocida aceptaría meterse con ella. Eliseo era un imbécil, y esperaba que aquello fuera suficiente para que lo entendiera.

- ¡Eliseo! – se escuchó la voz de Pilar.
- ¡Salió con mis papas! – Respondió Blanca, con naturalidad - ¡¿Qué pasó?!

Aquello era el siguiente paso del plan de Eliseo.

- ¡Que me ayude con la tarea de inglés!

Blanca no respondió. Miró a los gemelos, y después mantuvo su mirada en Santino.

- ¿Tú sabes inglés? – preguntó, despreocupada.

Santino se sorprendió con aquella pregunta, pero respondió afirmativamente.

- ¿Podrías ayudar a Pilar? Está tomando clases de inglés por las tardes.

Santino y Sarah se miraron, divertidos. Sarah alzó los hombros, como diciendo que no veía el problema. Santino aceptó, y sonriendo subió a la recamara de Pilar. Blanca y Sarah siguieron viendo la serie.

Realmente Blanca creyó que Sarah terminaría por ponerse de pie y hacer otra cosa, pero sea lo que fuese – seguramente la serie – la mantenía inmóvil de su asiento. Algunas escenas graciosas las hacían reír juntas y compartirse sonrisas, pero a Blanca aquello le crispaba la piel; quizás Eliseo tenía razón.

Arriba, Santino era el que se sentía dentro de un embrollo; no es que la tarea de Pilar estuviese complicada, pero era incapaz de concentrarse. Una cortísima falda mostraba demasiado de las hermosas piernas de Pilar. El chico no pudo evitar sonrojarse, y agradeció que la chiquilla pareciera no haber notado su rubor. Una blusa pegadísima y sin tirantes dibujaba la preciosa figura de la chica, lo que no hacía más que dificultar un poco las cosas.

Él estaba sentado, con los brazos de la chica recargados sobre la mesa. Estaban tan cerca que la temperatura parecía haber aumentado demasiado de pronto. Eran demasiadas páginas, a pesar de ser temas sencillos, pero el muchacho estaba ya preparando una excusa para salirse de ahí. En determinado momento, una supuesta duda en el significado de una palabra lo hizo pedir un diccionario traductor: ese fue su primer gran error.

Pilar obedeció inmediatamente, y se agachó para sacar su mochila de debajo de su cama. Aquello permitió a la curiosa mirada de Santino ver lo que se escondía debajo de la cama. Su sangre se congeló cuando lo observo el coño rasurado y desnudo de Pilar: la chica no vestía bragas, y su preciosa concha era digna de una pintura renacentista. Para variar, la chica parecía tener un desorden en su mochila, pues tardó siglos en encontrar el maldito diccionario. Para cuando se puso de pie, Santino luchaba ya buscando la posición correcta de sus piernas para ocultar su erección.

Pilar le dedicó una tierna sonrisa, al tiempo que le entregaba el diccionario. Jaló hacia el escritorio una silla, y se sentó tan cerca de Santino que sus piernas se entrecruzaban. La voz del muchacho era incapaz de articular palabras por momentos, y la única reacción de Pilar eran dulces risas y tiernas sonrisas que no hacían más que mantener a Santino pegado en su asiento.

Abajo, las cosas iban avanzando. Blanca casi se desmaya cuando Sarah simuló ponerse pie para revisar algunas cosas en su mochila y, al regresar al sofá, lo hizo justo a su lado. Ahora sus piernas se entrechocaban. En otras circunstancias se hubiese alejado discreta pero firmemente, pero ahora su objetivo era precisamente mantenerla interesada en ella. Y, maldita sea, lo estaba logrando.

La rubia comenzó a realizar comentarios sobre la serie. Blanca, siguiendo las órdenes de Eliseo, fingió interés. Aquello motivó a Sarah a continuar; Blanca se dio cuenta de que ahora formaba parte de un auténtico cotilleo lésbico. Entre charlas y risas, y entre las rodillas de sus piernas rozándose continuamente, Sarah terminó realizando la pregunta que Blanca estaba esperando – o no – que llegara.

- ¿Tú…te meterías con una mujer? Si fuera demasiado guapa.

Blanca palideció, pero simuló perfectamente analizar la respuesta. Murmuró pensativa, pero respondió sólidamente.

- Si la chica es muy guapa – dijo, mirando fijamente a los ojos de Sara – Creo que podría intentarlo.

Sarah mantuvo la mirada, y sin desviarla regaló una sonrisa a la hermanastra de Eliseo. Blanca, sencillamente, tragó saliva.

En la recamara de las hermanastras, las cosas iban poniéndose cada vez mejor, excepto para Santino, que no sabía qué hacer con los pies desnudos de Pilar rozándole las pantorrillas. Además, Pilar había vuelto dos veces a agacharse a su mochila: una para guardar el diccionario, otra para volver a traerlo. En ambos casos, Santino tuvo que resistirse para no lanzarse sobre el desnudo y precioso culo que se dejaba ver debajo de la corta falda de la chiquilla.

- Tengo que escribir un resumen del cuento de The Gruffalo. ¿Lo conoces? – dijo la chica, escribiéndoselo en una hoja de papel.
- Ni idea – admitió Santino
- Sólo que olvidé las copias en el salón de clases, ¿podrías buscar el cuento en internet, mientras voy al baño?
- Sí – dijo Santino, feliz de que aquella atractiva chica le diera un respiro a su libido
- Te dejo mi laptop – dijo la chica, abriendo el ordenador de su escritorio – La contraseña es sexygirl. Iré a hacer pipí.

Santino se quedó solo. Escribió la contraseña y entró al ordenador. Una imagen de una pareja besándose bajo la luz de la luna conformaba el wallpaper. Estuvo a punto de dar doble click al navegador de internet cuando de pronto llamó la atención la única carpeta que aparecía en el escritorio de la pantalla: FOTOS SEXIS. Las miniaturas le mostraban una figura muy familiar. Giró a su alrededor, asegurándose de que no hubiese nadie, y abrió la carpeta.

Más de cincuenta fotografías mostraban un cuerpo desnudo, tocándose a sí mismo. Las nalgas, tetillas pellizcadas, piernas desnudas y el coño perfectamente rasurado de Pilar eran los protagonistas de las fotografías. La verga de Santino se endureció de nuevo. ¿Qué rayos era aquello? Pensó de inmediato en enviarse aquellas fotografías por correo electrónico, pero entonces escuchó abrirse la puerta del baño y abrió la ventana del navegador. En su estupidez, y su prisa, olvidó cerrar la ventana de la carpeta. Pero era demasiado tarde, Pilar entró a la recamara mientras él buscaba rápidamente el cuento.

Abajo, las cosas iban avanzando también. Mientras Pilar salió al baño, Sarah había disminuido un poco su flirteo, pero apenas se cerró de nuevo la puerta de la recamara, volvió a con Blanca, a quien ya se tomaba la libertad de acariciarle las piernas sin que esta se opusiera en lo absoluto. Blanca, que se esforzaba por mantenerse serena, se hallaba en realidad de lo más nerviosa.

Sarah iba aumentando la intensidad de sus palabras, cuando de pronto comenzó a acercarse a Blanca, con una determinación que hubiese sorprendido al propio Don Juan. Blanca se mantenía sonriente, y no se movía ni un ápice. Sus manos apretujaban las fundas del sofá, deseando que aquello fuera sólo un sueño. Pero no lo era, cerró los ojos antes de sentir los fríos labios de Sarah chocando contra los suyos; entonces sus manos se relajaron, soltando las telas del sofá, y prestando su atención a lo que sucedía en su cabeza. Estaba besando a Sarah, Eliseo tenía razón; ahora debía seguir con el plan, y llevar aquello lo más lejos posible.

Pilar se hallaba en la misma situación, su comportamiento había tenido efecto en Santino, y ahora se acercaba a él, mientras en la pantalla del ordenador miraba la ventana abierta con sus fotografías. Aquello no lo esperaba, pero sin duda hacía más sencillo todo. Era hora de ponerlo realmente nervioso.

Sonriente, se acercó al muchacho, y antes de sentarse abrió la boca y exhaló fingidamente. Aquello asustó a Santino, quien miró la pantalla del ordenador para darse cuenta de su idiotez. En la barra de inicio, la ventana de FOTOS SEXIS revelaba haber sido abierta. El pobre tipo no supo que decir, mientras se apuraba a cerrarla, sabiendo que era demasiado tarde.

- ¿Viste mis fotos? – preguntó Pilar, con un extraño tono que Santino no supo traducir.
- ¡Perdón! – dijo el muchacho – Es que…

No sabía qué decir, aunque estaba seguro que la chica era responsable por dejarlas tan a la mano. Esa sería su coartada, y estaba a punto de decirlo cuando la chica lo sorprendió con la pregunta menos sospechada.

- ¿Crees que me veo bien?

El muchacho se quedó mudo. Su lengua se trabó, y tuvo que desenredarla antes de poder responder.

- Sí, te ves bastante bien.
- Me refiero a las fotos, tontito – dijo Pilar, con una sonrisa pícara.
- También – fue lo único que pudo responder el muchacho.

La chiquilla se puso de pie. Dirigiéndose a la cama, se sentó en la orilla.

- Me gusta tomarme fotos así – dijo – ¿A ti no?
- No – respondió Santino, sin poder quitarle la mirada de encima.

La chica volvió a ponerse de pie. Esta vez se acercó a la puerta, también estaba completamente nerviosa, pero contra todos los pronósticos de Eliseo, había resultado una excelente actriz. Se acercó a Santino, mirándolo fijamente. Él fue incapaz de moverse, se mantuvo pegado al asiento incluso cuando la chica se detuvo frente a él. No pudo mover un musculo cuando la chica cayó de rodillas ante él, ni pudo hacer nada cuando Pilar dirigió sus manos a su bragueta.

Abajo, las manos de Sarah buscaban las tetas de Blanca bajo su camiseta. No tardó en encontrarlas, y sonrió sin dejar de besarla cuando descubrió que se hallaban completamente libres de cualquier corpiño. Blanca decidió entrar en acción también, y llevó sus manos a las caderas de la rubia, que aumentó la intensidad de sus besos al sentir sus manos. Se mantuvieron así algunos segundos, y fue entonces cuando Blanca decidió que era el momento de pasar al siguiente punto.

Separó sus labios de los de Sarah, recostándose sobre el respaldo del sofá. Miró a Sarah, y admitió que no estaba tan mal; la chica era preciosa, tenía un largo cabello rubio y unas extrañas cejas oscuras. ¿Se había teñido las cejas? Aquello era más extraño que su nariz, grande pero hermosa. Su boca grande de labios medianamente gruesos parecían los de una actriz de Hollywood, mientras que de su esbelto cuerpo destacan las curvas de sus pechos y sus caderas. Era alta, y sus largas piernas lo revelaban. Comenzó a desvestirse los pantaloncillos, y Sarah no tardó en ayudarle a quitárselos. Estaba hecho, tendrían sexo.

Arriba, el plan también marchaba bien. Santino, incapaz casi de respirar, disfrutaba ahora un sorpresivo oral por parte de Pilar. Cuando pudo reaccionar, intentó inútilmente de pedirle un poco de prudencia. Pero no insistió mucho. Su endurecida verga se deleitaba con el suave masaje que la lengua de la chica le propinaba. Pronto dejó a un lado la vergüenza y los aspectos morales, y se entregó de lleno a lo que estaba aconteciendo. Llevó su mano al rostro de Pilar, y la acarició. La chica sonrió, besó tiernamente su glande y volvió a la faena de mamarle la verga.

El chico sentía enloquecer con lo que estaba sucediendo. La chica sacó su falo de su boca, y recorrió el tronco de beso en beso, hasta llegar a sus velludos huevos. Los testículos de Santino sintieron entonces la frescura de aquella boquita, mientras sus manos acariciaban los suaves cabellos de la muchacha. Sintió cómo una de sus bolas escapaba del cobijo de aquella boca, cuando de pronto su glande recibió de nuevo las caricias de los labios de Pilar. Era la primera mamada que Santino recibía en su vida, y ni siquiera la había visto venir.

En la sala, era su hermana quien se encargaba de comerle el coño a Blanca, quien se retorcía de auténtico placer por los movimientos de los experimentados labios de Sarah. La hermanastra de Eliseo ya se había corrido una vez, y parecía que pronto vendría la segunda. No había duda, Sarah tenía experiencia en aquello, además de una habilidad innata.

La chica había terminado por desnudarle también el torso, pues mientras su boca se encargaba de su concha, sus manos buscaban afanosamente sus tetas. Blanca lo aceptó de buena gana, pues la chica sí que le estaba provocando un placer tremendo. Si alguna vez había estado en desacuerdo con todo aquello, ahora parecía haberse olvidado por completo de toda negatividad.

Cuando la chica terminó de correrse por segunda vez, cayó rendida sobre el respaldo del sofá. Mientras miraba cómo Sarah se desnudaba su blusa y sus pantalones de mezclilla. Cuando la chica se deshizo del corpiño y de las bragas, quedando desnuda por completo ante ella, comprendió que era su turno. Pero esta vez no había problema, lo haría con gusto, la chica se lo había ganado.

Arriba, con el torso desnudo, Pilar seguía chupándole el pene a Santino, quien jugaba ahora con los retoños que la chica tenía por tetas. Entonces la chica se puso de pie, dirigiéndose hacia su cama. Gateando en cuatro sobre el colchón, la chica lo miró sonriente. Bajo su falda, su coño desnudo y exquisito lo invitaba a follar. Santino se puso de pie, quitándose el pantalón y la camiseta. Tenía aquel precioso coño a su disposición, y no iba a dejarlo ir.

Se puso de pie y se acercó a la cama, colocándose tras el precioso culo de Pilar. Tomó la falda escolar por las orillas, alzándola sobre la espalda de la chica para revelar el precioso culo que había debajo. La escena era una obra de arte; el húmedo coño de Pilar parecía sufrir la ansiedad de ser penetrada, Santino no pudo ignorar el esfínter apretado y virgen de la chiquilla, y pensó en lo hermoso que sería meter su lengua en aquel ojete.

La chica se acomodó, abriendo sus piernas y preparándose para recibir la verga de Santino. Aquello hizo reaccionar al chico, que apuntó entonces su falo contra la entrada de aquel coñito, y empujado suavemente, llegó tras unos segundos al tope. Estaba en el cielo, y su verga disfrutaba el cálido abrazo de aquel apretado y mojado coño.

Comenzó un lento meneo, que se iban intensificando poco a poco. La respiración de la chica aumentaba en igual proporción, y poco sus pequeños quejidos se convirtieron en auténticos gemidos. Con un control remoto sobre la cama, Pilar encendió la videograbadora, y el sonido de una estación musical de radio invadió el ambiente para acallar un poco los sonidos de placer que ambos emitían.

En la sala, las voces de los actores de televisión se fundían con los gemidos de Sarah, que recibía en aquel momento unos besuqueos de novata sobre su coño. Sin duda a Blanca le faltaba un poco de práctica, pero se le agradecía bastante su voluntad. Con sus manos, Sarah tomó la cabeza de Blanca, guiándola por donde sus labios debían pasar. La hermanastra de su amigo se dejó llevar con soltura, mientras sus labios apretujaban los pliegues al tiempo que su lengua intentaba sumergirse en el húmedo coño de la chica.

La chica sintió correrse, pero intentó retrasar un poco el orgasmo. Blanca siguió besuqueando su clítoris, cuando de pronto Sarah no pudo más, y un líquido cristalino salpico el rostro de Blanca al tiempo que las piernas de la rubia se estremecían. La excitación física y psicológica habían hecho estragos en el libido de Sarah, y pese a venir de parte de una verdadera amateur, aquella corrida iba a ser digna de recordarse. Blanca siguió besando su coño mientras Sarah se retorcía de placer, lo que volvió loca a la rubia.

- ¡Mierda! ¡Blanca!

Cuando por fin terminó, Sarah atrajo el rostro de Blanca, para fundir sus labios en los suyos. Fue en ese momento cuando las cosas se voltearon completamente.

- ¿Sarah? – preguntó la tranquila voz de Eliseo

La rubia giró la mirada, asustada. Eliseo bajaba las escaleras, mientras su amiga se preguntaba que hacía ahí y cómo diablos había entrado.

- Tenemos que hablar – dijo Eliseo, con una tranquilidad tal que Sarah no pudo explicarse de ninguna manera.

Sarah miró a Blanca, quien parecía no sorprenderse de la presencia de su hermanastro. Miró de nuevo a Eliseo, quien tomaba asiento en uno de los sillones. Comenzó a decirle algo, pero Sarah no era capaz de escuchar nada. Sólo miraba a Eliseo mover los labios, mientras los dedos de sus manos le señalaban una cámara oculta en una de las esquinas del techo de la sala.

Santino, por su parte, incapaz de escuchar lo que sucedía abajo. Seguía embistiendo felizmente a Pilar, cuyos gemidos se reprimían para mantenerse silenciosos. La sensación de clandestinidad y el estarse follando a la hermanastra de su mejor amigo hacían para el muchacho una de las situaciones más excitantes – si no es que la más – de toda su vida.

Sabía que estaba a punto de correrse tras haberse agasajado con tremendo coñito; la chica no hacía más que seguir gimiendo y ahogando sus gritos, girando de vez en cuando para mirarlo con el rostro descompuesto de placer. Aquello calentaba aún más a Santino, quién ya comenzaba a sentir en su entrepierna el prólogo de una tremenda corrida.

Entonces un golpe abrupto invadió la tranquilidad del cuarto. Escuchó entonces la voz de Eliseo gritando algo mientras tocaba la puerta de la recamara de la chica. Aquello sacó al muchacho de sí. Recordó que la chica había cerrado la puerta con seguro, pero el entrechocar de unas llaves le quitó de toda esperanza. En menos de tres segundos, la manija de la puerta giró, y la puerta se abrió ampliamente para que Eliseo apareciera.

Santino cubrió de inmediato su desnudez, al tiempo que Pilar se alejaba para sentarse a orillas de la cama. Santino estaba a punto de intentar darle una explicación a su amigo sobre lo sucedido, cuando de pronto Sarah y Blanca aparecieron tras Eliseo, completamente desnudas, en el marco de la puerta.

El muchacho miró a Eliseo, y se extrañó por su aparente tranquilidad. Intentó decir algo pero, ante su incapacidad de formular una frase, Eliseo tomó la palabra.

- Siéntate Santino – dijo, mientras Blanca disminuía el volumen de la música - tengo que explicarte algo.

Entonces le repitió lo mismo que ya había platicado con Sarah, le habló de las cámaras y de los videos. Le contó sobre lo que había estado aconteciendo en aquella casa durante las últimas semanas. Mientras hablaba, parecía más un negociador visionario que un tipo amenazante. Sus palabras parecían entonarse más a animar Santino a unírsele a su odisea que a someterse a sus órdenes.

Santino lo escuchaba, ni siquiera cuidaba ya de cubrirse su ahora flácido pene. Tampoco había buscado vestirse con sus ropas, pues el discurso de Eliseo lo había atrapado. Eliseo hablaba de un club, de una agrupación de chicas con todas las libertades. Hablaba de hacer lo que se quisiera, sin tabúes. Pero entonces Santino reaccionó, aquello eran tonterías.

- Estas completamente loco – dijo Santino, con un tono de molestia que Eliseo no conocía – Vas a borrar de inmediato esos videos.
- Te equivocas, no los borraré, y más te vale hacerme caso – dijo Eliseo, con firmeza – No tienes mucha opción. Cualquier palabra tuya y estos videos se verán en todo el mundo.
- ¡Eso sí que no! – alzó la voz Santino, al tiempo que se acercaba amenazante a Eliseo. Era más alto que él, de modo que podía darle una buena golpiza si Eliseo se distraía.
- Acaso…
- ¡Cállate! Tienes que borrar esos videos, o yo mis…

Estaba a punto de lanzarle un golpe a Eliseo cuando de pronto el torso desnudo de Sarah se interpuso.

- ¡Santino! – gritó
- ¡¿Qué no ves que..?!
- Sí, pero yo no quiero que aparecer por todo internet. Tienes que calmarte.
- ¿Cómo me calmo? No ves que…
- Sí, lo veo, pero no teníamos por qué aceptar esto. ¿O acaso tú te negaste?
- No – respondió Santino, como si aquello no tuviera nada que ver – Pero eso no le da derecho…
- Pero así son las cosas, Santino. Ahora sólo debemos hacer lo necesario para que esos videos no se publiquen.
- ¡Es un chantaje!
- Es la realidad.

Santino se detuvo, y la miró.

- Para empezar, ¿Por qué estas así?

Sarah miró el suelo, Pilar le pasó una sábana y ella se cubrió con ella avergonzada. Todos parecieron entonces reaccionar, y las hermanas también se cubrieron. Sarah de inmediato se repuso y lo miró a los ojos.

- Blanca y yo lo hicimos en la sala – dijo, mientras Santino terminaba de vestirse los calzoncillos.

Santino se llevó la mano a la cara. Comprendió entonces la trampa en la que ambos habían caído. Apretó los dedos contra sus ojos, como si quisiera sacárselos de un pellizco. Miro a su hermana, decepcionado.

- No puedo creer que seas tan puta.
- ¡No me llames puta! – dijo la chica, señalándolo
- No puedes estarte metiendo con quien se te cruce en el camino.
- No pensaste en eso cuando te follaste a Pilar.
- ¡No es lo mismo!
- ¡Ah! ¿Y cuál es la diferencia? ¿Quién se la mete a quién? ¿Tu verga?

Santino no pudo replicar nada. De pronto miraron a su alrededor. Eliseo y sus hermanastras los miraban con extrañeza; en los planes del muchacho jamás apareció ninguna posible discusión entre los gemelos. Su amigo se dirigió de nuevo a él.

- Tienes que borrar esos videos – le amenazó – Somos amigos, no puedes hacernos esto.
- No los borraré Santino, creo que…
- Tienes que borrarlos. ¿Qué es lo que quieres? ¿Dinero?
- En realidad no quiero nada – sonrió Eliseo – Vean esto como una invitación, sólo que un poquito forzada. Sólo quería que ustedes se unieran.
- ¿Unirnos a qué?
- A lo que mis hermanastras y yo hemos estado disfrutando estos días.
- ¿De qué mierdas estás hablando, Eliseo? Sólo borra esos putos videos.

Eliseo guardó silencio, sin dejar de mirarlo. Parecía tratar de pensar la mejor respuesta. Miró a Sarah, quien parecía entender mejor sus palabras que el cegado por la ira Santino.

- La amenaza es sólo si deciden salirse, o decírselo a alguien.

Santino asumió comprender entonces el embrollo en el que estaban metidos. Soltó una risotada.

- O sea que, si decido pasar la tarde follándome a tus hermanastras, ¿lo permitirás? – dijo irónico
- Desde luego – dijo tranquilamente Eliseo - y también vendrás cuando ellas te lo pidan. Es lo justo, si consideras que yo me estaré tirando a Sarah – dijo, mirando a la gemela, que con una sonrisa apenada desvió la mirada.

Santino lanzó una risotada de indignación.

- Y después te querrás coger a tus propias hermanastras.
- Y tú también puedes follarte a Sarah, si lo deseas. Y si ella está de acuerdo.

Blanca sonrió, pero no se atrevió a decir nada. Eliseo nunca les había dado opción, ni les había preguntado acerca de ningún acuerdo. Era obvio que estaba manejando las cosas de forma distinta con los gemelos. Estaba negociando, como quien intenta vender un auto usado, pero sabía que al final era lo mismo: los estaba dejando sin opción. Parecía entender el punto central de Eliseo, quien fuera terminaría cediendo por su propio peso. Todos terminarían haciendo exactamente lo que Eliseo deseaba, sin que este tuviera que insistir en sus amenazas. Aquello estaba yendo demasiado lejos, y seguía avanzando.

Santino miró indignado a su hermana, quien sin embargo sonreía divertida por los atrevidos comentarios de Eliseo. Se sintió solo de pronto, ¿de verdad era el único en aquella recamara que tenía aún la cabeza en su lugar? ¿A qué rayos creían que estaban jugando?

Salieron de casa de Eliseo entre discusiones y amenazas. Una vez vestidos, Santino había exigido los videos, que se borraran, pero Eliseo le dijo que los videos ya se encontraban alojados online. Fue Sarah quien tuvo que calmarlo y, entre empujones, hacerlo salir. Los padres de Eliseo y sus hermanastras llegarían pronto, y no podían seguir ahí, aunque Santino amenazó inútilmente con revelarles a ellos la verdad. Del trabajo de ciencias sociales, ni siquiera existía una introducción.

Llegaron a su casa, Santino entró refunfuñando, directamente a su recamara. Ni siquiera saludo a su madre, que los miró extrañados.

- Es por el trabajo final de ciencias sociales, no salió muy bien – le mintió Sarah – Y en parte fue su propia culpa.
- Está molesto consigo mismo – aseguró su madre, sin imaginar las verdaderas razones.
- Supongo que hablaré con él – le tranquilizó Sarah – Bajamos en unos minutos.
- Apenas estoy terminando la cena – dijo su madre, con un ademán de brazos extendidos que señalaba el gran trabajo que quedaba por delante en la cocina – Yo les llamo.

Sarah subió al segundo piso; dormían en recamaras separadas, aunque durante el día normalmente compartían en el cuarto de Sarah. Se dirigió a la recamara de Santino, que estaba con seguro.

- ¡Abre! – gritó Sarah, golpeando la puerta.
- ¡Largo! – dijo Santino
- No seas ridículo – dijo Sarah, girando los ojos, era casi gracioso ver a su hermano así de molesto – Ábreme.

Tuvo que insistir un par de minutos más antes de que Santino abriera.

Ella entró, procurando colocar de nuevo el pestillo del seguro, el cuarto era ordenado y limpio, como Santino, miró la computadora encendida. Se acercó a Santino, que escribía rápidamente en el navegador.

- Así que piensas demandar a tu mejor amigo – dijo Sarah, sonriendo, en el navegador estaban abiertas varias páginas web sobre violaciones a la privacidad.
- No es mi amigo.

Sarah se mojó los labios, sentía como si estuviese hablando con un niño.

- Debe considerarte su amigo si te incluyó en esto.

Santino dejó el ordenado, fastidiado.

- ¿Qué es “esto”? ¿Qué es lo que Eliseo y tú llaman “esto”? Es que de verdad no lo entiendo.

Sarah giró los ojos, ¿de verdad era tan complicado entenderlo?

- Creo que es como un grupo de amigos…
- Aja…
- Que se reúnen…
- ¿A follar?

Sarah lo miró, pensativa.

- Es como un grupo de swingers.
- ¿Y te parece correcto?
- Salvo por el hecho de que él lo hizo em…obligatorio, no le veo realmente lo malo.

Santino hizo la cabeza hacía atrás, rendido.

- De verdad que debes estar bromeando.
- Santino, dime entonces qué tiene de malo.
- Que está mal.
- ¿Qué está mal?

Santino no pudo responderle de inmediato.

- Son cosas que están prohibidas.
- Nadie ha prohibido las orgias.
- ¡Ahora le llamas orgias!
- ¡Eso es lo que son! Santino, ¿tienes cinco años?
- ¿Cuántos chicos de nuestra edad se ponen a pensar en orgias?
- Creo que muchos, pero pocos se atreven a hacerlo.

Santino descompuso su rostro, horrorizado.

- A ver, ¿o sea que crees que toda esta mierda es parte de tu “liberación sexual”?
- Que idiota eres Santino.
- Es que eso parece.

Sarah se sentó en la orilla de la cama; su hermano regresó al teclado de la computadora. La chica se mojaba los labios, pensativa. Sentía temor de revelarle a su hermano que, personalmente, ella estaba de acuerdo en pertenecer a lo que fuera que estuviera creando Eliseo. Entre los nerviosismos y los gritos intercambiados hacía horas, parecía haber entendido la intención del muchacho: crear un club, un grupo de amigos sin inhibiciones, sin tabúes, dispuestos a disfrutar hoy para siempre de la vida sexual normalmente reprimida. Eliseo y sus hermanastras lo habían conseguido, ¿por qué no podrían ellos?

Pero Santino era obstinado, prefería sentirse aturdido por la supuesta traición de su amigo que ver el beneficio que se hallaba detrás de aquella trampa: una oportunidad única, que cualquier muchacho de su edad moriría por tener. Sabía que nadie podría hacerlo entrar en razón, excepto ella.

Se puso de pie, se acercó a su hermano. Miró la pantalla, sonrió, le causaba gracia ver cómo Santino seguía investigando sobre cómo demandar a tu amigo. Se inclinó, detrás de él.

- No puedes demandar a tu amigo sólo por invitarte a pertenece…
- ¿A pertenecer a qué, Sarah, caramba? ¿Crees que podremos ir, tomar una taza de café y follar entre todos? ¿Crees que de eso se trata?
- Es precisamente de eso de lo que se trata.
- Eliseo está forzando a sus hermanastras a hacer eso, siempre lo odiaron y él siempre las odio. ¿Crees que no intenta hacer lo mismo con nosotros?

Sarah se desesperó. Su tono de voz cambió.

- ¿A qué le tienes miedo Santino? ¿Tienes miedo de llegar a casa de Eliseo y que Blanca te chupe la verga? – aquello hizo saltar de su asiento a Santino, quien giró la vista hacia su hermana, con una mirada atónita; pero la chica continuó, sin inquietarse con sus propias palabras -  ¿Tienes miedo de que te sobe las bolas mientras Pilar te besa? Mientras le tocas el culo, mientras me miras desnuda saltando felizmente sobre la verga de Eliseo. Dime qué tiene de malo eso, porque yo soy capaz de ir, pero sólo me pregunto si tú serás lo suficiente aguafiestas para negarte a participar.

Santino intentaba responderle, pero nadie puede hablar fácilmente con las mandíbulas temblándole.

- Dime entonces, Santino, ¿qué es exactamente lo que te hace enfadar? Te están invitando a vivir el sueño de cualquier adolescente y te pones a llorar como si alguien te hubiese obligado a meter tu verga en Pilar. Además, yo también disfruté con Blanca, no me cuesta admitirlo, y tengo muchas ganas de volver a repetirlo.

Santino raras veces era capaz de contradecir el fuerte carácter de su hermana. A fin de cuentas, nadie lo conocía mejor que él, y aunque siempre habían sido distintos en su manera de ser, ahora Sarah estaba dispuesta a sorprenderlo. Miró a su entrepierna, y sonrió satisfecha al ver cómo su hermano trataba de ocultar su erección. Llevó sus manos a los hombros de su hermano, quien reprimió sus deseos de salir corriendo de ahí. Estaba temblando, por lo que Sarah decidió continuar.

- Quizás te de miedo hacer algo que siempre has deseado – dijo, mientras sus manos se deslizaban sobre los pechos de Santino – A mi me sucedía eso, pero estoy dispuesta a cambiarlo.

Un último impulso hizo que sus manos cayeran sobre su entrepierna, faltaba poco para que sus manos apretaran la verga de Santino bajo la tela, pero decidió mantener el suspenso.

- ¿Hoy tienes miedo?
- Sarah…
- No quiero que me digas otra cosa, sólo dime si debo continuar o regresar al pasado.
- Sarah esto no tie…
- Sólo responde.
- ¿Qué quieres?
- ¿Qué crees?
- Está mal.
- Yo no le veo lo malo.

Las manos de Sarah desabotonaron el pantalón de su hermano, él intentó detenerla, pero bastó un poco de esfuerzo para que cediera. Entonces pudo bajarle la bragueta, permitiéndole a su mano deslizarse bajo los pantalones y apropiarse del endurecido falo del muchacho.

- Qué tenemos aquí – murmuró Sarah, masajeando suavemente la verga de su hermano a través de sus cálidos calzoncillos – Creo que Pilar no terminó bien su trabajo.

- Sarah… - repitió Santino, idiotamente.

Pero la chica no cesó, deslizó la silla giratoria hacía ella, quedando de frente a su hermano. Sin dejar de mirarlo, descendió hasta caer de rodillas ante él. Santino aprovechó aquello para intentar incorporarse, pero bastó que Sarah le colocara las manos en las rodillas para detenerlo.

- El seguro de la puerta – dijo él

Ella sonrió.

- Ya está puesto – dijo, mientras sus manos deslizaban los pantalones de su hermano hacía abajo.

Aquello no relajó del todo al muchacho, su respiración se intensificaba conforme Sarah dejaba escapar su endurecida verga entre la ranura de sus calzoncillos. Se sentía completamente incomodo con aquella situación, pero no podía salir de ahí, el hecho de que la cálida mano de su hermana rodeara el tronco de su falo lo mantenía pegado a su asiento.

Ni siquiera sintió realmente cuando la boca de Sarah engulló por completo su glande. Era como si simplemente estuviera sintiendo el viento de una mañana fresca sobre su verga desnuda. Fue sólo cuando la lengua de su hermana rozó la punta de su verga que pareció entender lo que estaba sucediendo.

Su hermana, Sarah, le estaba chupando el pene. Una incomodidad total invadió la mente de Santino. No se atrevió a decir nada, ni pudo moverse.  Sarah parecía completamente segura, como la de un ladrón de tiendas que sale del supermercado seguro de no haber sido visto por las cámaras. Ella no se atrevía a detenerse a mirarlo ni a decir nada, únicamente se limitó a seguir chupándole la verga a su hermano.

Sarah se había llevado una buena sorpresa; no sólo lo largo sino lo grueso de aquel falo la sorprendió. Excitado y desde aquella perspectiva, el pene de su hermano era mucho más grande de lo imaginado. Pero no importaba, necesitaba convencerlo, si él insistía en aquello, podría echar a perder lo que Eliseo había construido. Y ella deseaba mucho a Blanca, y a Pilar.

- Saarraaah – alcanzó por fin a balbucear Santino, aterrorizado como si ella le estuviese arrancando el falo.

Pero ella no respondió; sacó la verga de su boca y deslizó sus labios hacia abajo, besando una tras otra vez el tronco de Santino antes de llegar a sus bolas. Ahí el muchacho sintió la cálida sensación de los labios de Sarah chupándole las bolas.

Ella se sacó el testículo de su boca, miró hacia arriba, directamente encontrándose con los ojos del muchacho.

- Quiero que me folles – dijo

Santino iba a decir algo, pero Sarah no quiso arriesgarse y salió.

- No quiero una sola palabra más. No quiero escuchar tus estupideces. Di “sí”, y me recuesto en tu cama para que me la metas todo lo que gustes. Di “no” y nos olvidamos de esto para siempre. Así que déjate de lloriqueos y responde.

Santino la miró, estupefacto. Y, apretando sus labios, tomó una decisión.

- Está bien.

Sarah encendió el reproductor de música de su hermano, a un volumen medio. Lentamente, comenzó a desnudar por completo a su hermano, quien permaneció impávido mientras su endurecida verga señalaba a su hermana. No se atrevía a tocarla, parecía esperar su autorización para follarsela.

Sarah le regaló una sonrisa, mientras comenzaba a desvestirse la blusa y el pantalón de mezclilla. Buscaba provocarlo, y por eso cuando terminó de deslizarse sus bragas hasta el suelo, se lanzó sobre la cama de su hermano, boca abajo y con las caderas alzadas, ofreciendo su culo al excitado falo de Santino.

Aquello funcionó, por supuesto, y Santino se colocó tras la muchacha. Rozó suavemente sus piernas, hasta llegar a la zona de sus glúteos y tomarla por las caderas.

- Sarah…
- ¡Basta ya Santino, y hazlo!

Santino creía estar soñando cuando su verga se perdió entre las nalgas de su hermana, deslizándose lenta pero firmemente entre los labios vaginales de Sarah. Penetrarla fue lo más extraño que había sentido nunca; comparado con aquello, parecía que lo de Pilar jamás había sucedido. Por un momento pensó en esperar alguna indicación de Sarah, pero, al no escuchar nada de ella, decidió comenzar a embestirla suavemente.

Una tras otras, los lentos mete y saca de Santino comenzaron a tener su efecto en Sarah. Su entrecortada voz le pedía que continuara, y Santino decidió que obedecería. Entonces fue aumentando la intensidad de aquellos embates, Sarah giró el cuello para mirarlo con unos ojos que el muchacho no supo cómo interpretar. Y entonces comprendió: su hermana estaba disfrutando aquello, y él también.

Poco a poco, la tensión fue diluyéndose por el placer que emanaba. Santino se sintió libre de saborear con sus manos las curvas de su esbelta hermana. Sus dedos apretujaron sus nalgas sin dejar de follarla, y después se deslizaron hacia adelante, sobre su espalda, antes de bajar a conocer las duras y firmes tetas de Sarah. Buscó los pezones de la chica, antes de caer en la cuenta de que ya los tenía entre sus dedos, y que se trataban de suaves espacios de piel lisa y rosada.

Se sentía en el cielo, mientras Sarah se dedicaba a hacer de aquello lo más excitante posible para su hermano. Su coño apretaba la verga de su hermano, mientras ella misma trataba de soportar aquellas embestidas sin aumentar demasiado sus cada vez más escandalosos gemidos.

Pero era difícil, Santino estaba desatado. Su hermano, hasta hacía unos minutos moralista y retrógrado, ahora se la estaba follando intensamente. Sarah comprendió que no iba a aguantar mucho aquellas arremetidas sin empezar a gritar como una loca; la verga de su hermano no era nada pequeña, y su coño no era tan experimentado como para soportar aquel placer tranquilamente.  Su respiración estaba agitada, y la de Santino, respirando sobre su espalda, aún más.

La embestía como si fueran un par de perros callejeros, y aunque lo disfrutaba, decidió que era mejor no arriesgarse. Detuvo como pudo a su hermano. Este, la miró asustado, cómo si esperara que ella le dijese que aquello había sido un terrible error.

No fue así; Sarah sólo quería tomar un poco el timón de aquello. Lo recostó sobre la cama, y se colocó sobre él. Sería mucho más fácil coger sin gemir tan fuerte si era ella quien llevaba el ritmo.

Aquello le dio la oportunidad a Santino de divertirse con sus tetas, cosa que a Sarah le agradó. Se inclinó hacia él para que su boca pudiera alcanzar sus pezones. Siguió saltando sobre su verga, mientras las manos de su hermano se deslizaban, dibujando el perímetro de sus curvas desde sus tetas hasta su culo.

Llegando ahí, las manos de Santino parecieron olvidarse de todo, y apretujaron con firmeza las nalgas de su Sarah, como un hambriento defendiendo el último jamón. Las puntas de sus dedos rozaban peligrosamente la arrugada zona de su esfínter, y la piel de la chica se estremeció.

Dio un gran salto sobre la verga de su hermano, con tal de los dedos de este se alejaran un poco de aquella zona. Si bien se estaba tirando a su propio gemelo, eso no la hacía sentirse menos incomoda con el tema de su ano.

Santino pareció no notar aquello, y siguió disfrutando los hábiles sentones con los que Sarah se clavaba su falo. Parecía haberse relajado lo suficiente como para comenzar a sonreír. Aquello alegro a Sarah, que le respondió de la misma manera.

De pronto, un fuerte sonido hizo saltar los nervios de ambos. Era el tono de llamada entrante de Sarah. El teléfono estaba en su blusa, y lo alcanzó rápidamente. Pidió a Santino que guardara silencio, colocándole su mano sobre su pecho, y contestó. Temía que fuera su madre, llamándoles a la comida.

- Sarah

Sarah reconoció la voz, pero no parecía buena idea hablar con Eliseo en ese preciso momento. Santino intentó incorporarse de nuevo, pero la mano de Sarah lo detuvo, y sus caderas volvieron a menearse sobre él.

- Estoy un poco ocupada Vero – dijo Sarah
- ¿Estas con Santino? – preguntó extrañado Eliseo.
- Si, pero dime rápido que necesitas – su hermano se había recostado de nuevo, más tranquilo, mientras ella se encargaba de mover lentamente sus caderas, tratando de reprimir sus gemidos y respiraciones aceleradas.
- Bueno, más que nada una disculpa. Y saber cómo están.
- Creo que no hay ningún problema. Espero verte pronto. – dijo, esperando que entendiera la indirecta.
- Entonces, ¿has platicado ya con él?
- Sí, creo que no hay problema con la profesora sobre eso.

A Sarah se le estaba dificultando realmente hablar tranquilamente con la verga de su hermano dentro de su coño. Tenía ganas de suspirar por el placer provocado por su lentos aunque profundos movimientos. Estaba a punto de colgar, pero Eliseo se adelantó.

- Entiendo. Quizás sería bueno vernos, todos, y platicarlo.
- Yo también estoy de acuerdo en eso. – aquella frase llamó la atención de Santino, pero ella lo tranquilizó guiñándole un ojo y cayendo de nuevo sobre su erecto falo.
- Bueno, entonces te dejo.
- Sale Vero, nos vemos.

Colgó, y lanzó el celular lejos. Era hora de terminar con aquello. Estaba demasiado caliente, y sabía que Santino también.

Tenía ganas de correrse, de modo que aumentó los movimientos y fuerza de sus caderas. Aquello tensó el cuerpo del muchacho, que la tomó por las caderas tratando en vano de detenerla. El mismo no pudo evitar aumentar el tono de su agitada respiración, debido al ajetreo que su hermana estaba provocando sobre su verga.

Pudo ver los dientes de Sarah apretándose, en un intento de soportar el tremendo placer de aquello, hasta que de pronto, como si hubiese sentido un disparo por la espalda, la chica se detuvo tensa antes de dejarse caer rendida sobre el muchacho.

Casi se desmaya cuando sintió los movimientos de Eliseo. Ella se había corrido ya, pero él no, de modo que Sarah tuvo que soportar las nuevas embestidas del muchacho. Aquello era demasiado, y Sarah ahogaba como podía los gritos de placer que deseaba dejar escapar. Rogó por que aquella avalancha de delicia terminara, y sus deseos parecieron ser escuchados cuando sintió el caliente semen de su hermano escapando dentro de su coño.

Ambos parecieron desinflar sus pulmones, agotados y sudorosos. Las tetas de Sarah se unieron al pecho de su hermano cuando cayó desplomada sobre él, estaban agotados. Se mantuvieron más de un minuto así, mientras recuperaban el aliento.

Entonces Sarah se incorporó, sólo un poco, lo suficiente para tomar el rostro de su hermano y besar sus labios.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Tus comentarios son importantes.

 

Relatos del Buen Bato Template by Ipietoon Blogger Template | Gift Idea