jueves, 29 de enero de 2015

El club | 2

Publicado por BuenBato en 10:59
Al día siguiente la alarma del despertador sonó a las seis de la mañana, como de costumbre. Eliseo despertó de un largo sueño y mientras lograba incorporarse pensó en lo sucedido el día anterior: todavía no le cabía en la mente que todo aquello hubiese acontecido; pero así era, lo recordaba perfectamente.

No había adelantado nada de la tarea que su amigo Santino y él tenían pendiente; pero las diapositivas las podía hacer entre clases así que puso a cargar la batería de la laptop que necesitaría llevar ese día. Tras esto salió a darse una ducha; del baño apenas salía Blanca de haberse bañado, se miraron pero además de no dirigirse alguna ofensa todo parecía ir con normalidad. Eliseo no hizo mucho caso a esto por lo que se metió al baño y se dio una ducha.

Media hora más tarde ya estaba listo y solo espero cinco minutos más a que su hermanastra estuviese lista; dando el cuarto para las siete salieron juntos, como de costumbre. La escuela estaba a menos de quince minutos y normalmente, durante el trayecto a pie, jamás se dirigían la palabra. Eliseo se preguntaba si lo ocurrido el día anterior cambiaría de alguna forma las cosas pero no parecía ser así; no le dio mucha importancia, a fin de cuentas no tenía mucho que platicarle a Blanca. Tras unos minutos llegaron.

- Acuérdate - dijo Blanca mientras cruzaba el portón de la escuela - que hoy no iré a casa, tengo que ir con Liliana a hacer un trabajo.
- ¿Ya sabe tu papa?
- Le dije a tu mama, ella le comentará.
- Ok, si, entiendo - dijo Eliseo mientras miraba como la chica se alejaba.

Era hermosa, no podía dejar de pensar en ello. A su mente le vino algo que había estado en su mente durante la mañana y no dio cuenta cuando grito.

- ¡Blanca!

La chica se acercó extrañada, pero supuso que se trataba de algo importante.

- Estaba pensando - dijo Eliseo - sobre lo de ayer.

Blanca no mostró molestia pero su rostro si manifestó que no era el lugar más adecuado para ponerse a platicar de eso.

- No, es que, simplemente quiero saber de, tu sabes; no utilizamos nada, no sé si me explico...
- Eliseo - respondió la muchacha - la regla me viene en un par de días, no me voy a embarazar.
- ¿Y Pilar?
- Pero, si ni siquiera lo hiciste con Pilar; además a ella le baja uno o dos días después que a mí. ¿Ya me puedo ir?
- Si; solo quería saber eso.
- Si, eso estaba pensando también ayer; pero en otra ocasión deberíamos usar condón - opinó Blanca al tiempo que se despedía y se alejaba.

La última frase dejo perplejo al muchacho: de modo que Blanca suponía que habría una siguiente ocasión. Fuera como fuera la situación lo tenía muy ansioso; durante las clases no dejaba de pensar en todo lo que había sucedido y en lo mucho que seguramente estaba por suceder. La última clase se había suspendido y fue la que aprovecho para terminar junto a Santino el trabajo de las diapositivas. A justa hora lo concluyeron e inmediatamente se dirigió a su casa. Por su mente solo paseaba una idea, un deseo; el reloj apenas marcaba las dos y cuarto de la tarde pero él moría porque ya que diesen las tres en punto para estar junto a Pilar. Sin nada que pudiera hacer se sentó en la sala y miró el televisor.

A las tres en punto ya estaba preparándose para ir a recoger a la menor de sus hermanastras a la escuela. Anteriormente no hubiese estado tan ansioso en ir por ella, todo lo contraria, era una molestia. Pero las cosas eran muy distintas ahora y no podía esperar el momento de estar solo con ella. Dando las tres y cuarto ya estaba fuera; de nuevo coincidió con su madre y su padrastro que llegaban del trabajo para comer, esta vez traían pizza.

- ¿Ya vas por Pilar? - preguntó su madre al tiempo que le besaba en la mejilla
- Si - respondió Eliseo con un fingido desinterés

Saludó de lejos a su padrastro que estacionaba el automóvil y se fue directamente a la escuela de la muchacha; llegó temprano y  la espero ansioso afuera. A las tres y media la chica salía se despedía de sus amigas y se acercó a su hermanastro.

- Hola - dijo Pilar
- Hola - le respondió el muchacho

Como si todo corriera con normalidad la chica caminaba delante de él sin ningún motivo aparente para mirarlo o cruzar palabra con él. El muchacho estaba algo confundido pero supuso que a la chica le daría pena mirarlo siquiera. Pero Eliseo no tenía ningún problema en mirarla a ella; esta vez vestía el uniforme de diario, una falda de rayas azulada con una ajustada camisa blanca que le hacía remarcar su preciosa silueta. El muchacho podía sentirse culpable de todo aquello pero escondía su vergüenza en la idea de que nadie que estuviese en su misma situación podría actuar de forma distinta, o al menos era lo que él quería creer.

Llegaron a casa y la chica entró con toda normalidad, primero a revisar sus juegos de internet y luego bajar a comer pizza, que tanto le gustaba. Eliseo tranquilizó sus ansias y comió con normalidad también; acabó y subió a su cuarto a terminar una tarea. 
- ¡Llegamos al rato! - gritó su madre desde la planta baja.
- ¡Sí! - respondió Eliseo, mientras apuraba sus manos en el copia y pega que daba forma a su trabajo escolar

Acabó y, cansado, se acostó en su cama. Pensó inmediatamente en Pilar, y en el hecho de que se encontraba solo con ella. Comenzó a estructurar en su mente muchas formas de poder acercarse a ella; sin Blanca no se le ocurría alguna forma. Supuso que en primera instancia Pilar lo rechazaría, así que se fue haciendo la idea de que, al menos esa tarde, no podría hacer de las suyas.

- ¡Oye! - dijo una voz que le tomó por sorpresa

Azorado, Eliseo volteó hacia su puerta. Era Pilar, que se asomaba por la puerta. El muchacho no supo que decir, de modo que la muchacha entró y encendió las luces. Ella, desde luego, también estaba muy nerviosa por lo que desvió un poco su atención en el desorden de aquel cuarto. Tomando un poco de valor el muchacho se puso de pie y se acercó a ella. Le iba a abrazar pero la chica continuó con su camino hasta sentarse en la orilla de la cama.

Eliseo de veras no sabía que hacer de modo que se sentó junto a ella; no se dijeron nada pero la mano de Pilar, en un momento de lucidez, se posó sobre la pierna de su hermanastro. Motivado por esto la palma de Eliseo cayó sobre la rodilla de la chica. No soportando ya la idea de echarse atrás siguió arrastrando su mano sobre la piel de la chica, esta no dijo nada, lo que supuso como una especie de aprobación.

Sus dedos paseaban sobre las rodillas de la chica, y en seguida se escabulleron bajo la falda; manoseó las tiernas piernas de su hermanastra y continuó su camino hacia su entrepierna. Un bulto se formó bajo los pantalones de Eliseo y la mano de la chica se posó sobre su entrepierna, como queriendo contener la excitada verga que no pudo más que endurecerse aún más.

La mano de Eliseo ya se pasaba en la tela de las bragas de la chica, acariciaba sobre estas la posición del coñito que poco a poco se humedecía en respuesta a aquel roce.

- ¿Me las quito? - preguntó Pilar, acerca de sus bragas, con un dejo tal de inocencia que Eliseo no pudo más que sonreír

El muchacho se acostó de espaldas sobre la cama, tomando a su hermanastra de la mano y atrayéndola hacia él. El pequeño cuerpo de la chica quedo en cuatro sobre él y pudo sentir de pronto las dos manos de su hermanastro recorriendo sus piernas e instalándose en caricias sobre su culo. El chico arrugó las bragas en el canal que se formaba entre las dos nalguitas de la muchacha, confeccionando una especie de tanguita. La muchacha no sabía cómo reaccionar, por lo que se dedicó simplemente a disfrutar de las sensaciones que aquel manoseo le provocaba. Se mantenía recargada sobre el pecho de su hermanastro mientras este jugueteaba con las carnes de su culito alzado.

La chica se cansó un poco, de modo que suavemente tuvo que apoyar su coñito sobre el bulto de Eliseo. Este recorrió entonces todo el cuerpo de la chica con sus dos afortunadas manos; desde las piernas hasta las tetas, el muchacho saboreo con sus dedos el precioso cuerpo de su hermanastra. Entonces tomó el rostro de la chiquilla y lo acercó al suyo, estampándole en sus labios un apasionado beso en el que Pilar terminó perdiéndose. Poco a poco la chica se fue apasionando mientras juntaba sus labios con los de Eliseo, al tiempo que este seguía acariciando su delicado cuerpo. Mientras se besaban, Eliseo iba deshaciéndose de las bragas de la chica hasta que el húmedo coño de la muchacha se restregaba con su abultada entrepierna.

Eliseo, loco por aquella caliente situación tomó de la cintura a la chica y le oriento para que se girara, de modo que el virgen y húmedo coño de la chiquilla le quedó frente a su rostro. Sin perder el tiempo dirigió su lengua a la rosada raja de Pilar, que en seguida se contrajo al sentir aquella placentera sensación que la boca de su hermanastro le provocaba. El muchacho paseaba su lengua en cada pliegue de aquel coño e introducía su lengua todo lo que podía. La chica no sabía si iba a poder soportar todo aquello; trataba instintivamente de alejar su coño de aquella lengua que la conmocionaba pero las manos de Eliseo sobre sus piernas no dejaban alejar su culito de ahí. Pilar no pudo sostenerse más y la parte superior de su cuerpo se derrumbó sobre las piernas del muchacho; quedó recostada, con su mejilla sobre la abultada entrepierna de Eliseo mientras trataba de soportar cada lengüeteo que este le proveía a su excitado coño.

El placer le llenaba la cabeza a la chiquilla que, viendo su posición, se atrevió a desabrochar el cinturón y el pantalón de Eliseo para después comenzar a desvestirlo. La erecta verga de su hermanastro se erigió frente al rostro morboso de la chiquilla que, casi de forma instintiva, se llevó aquel pedazo de carne a su boca. Sin proponérselo había generado un perfecto sesenta y nueve; el pene de su hermanastro a duras penas le cabía en la boca y no tenía la menor idea de cómo debía chupar una pija. Pensaba preguntarle a Eliseo la manera en que debía hacerlo, pero este estaba tan bien ocupado lamiendo su rajita que prefirió no distraerlo. Tenía unas extrañas ganas de mamar aquel pedazo de carne que estaba frente a ella, por lo que opto por el autoaprendizaje. Se llevó aquella verga a la boca e inició un mete y saca que poco a poco tomaba buen ritmo; la chica era lista, sabía de antemano que no debía utilizar los dientes. Aplicada esta regla solo se dedicó, siempre y cuando los lengüetazos de Eliseo no la hicieran sentir desfallecer, a masajear con sus labios en forma de “O” toda la longitud posible de aquella verga. La muchacha aprendió con agilidad y en aquel momento Eliseo se sentía en el cielo.

Sin embargo la chica apenas podía concentrarse en chupar aquel pene pues la fuerza de la lengua de su hermanastro había aumentado y su coño comenzó a volverse más sensible; la pobre chiquilla se abrazaba a las piernas de Eliseo mientras su cuerpo se estremecía de placer con los últimos lengüetazos que soportó antes de que su coño reventara en fluidos ante tremendo orgasmo. Eliseo tuvo que entrecerrar los ojos cuando un chorrito de líquido escapo de aquel coñito estrecho. Sabía que la muchacha estaba en pleno punto y rápidamente se incorporó para inmediatamente colocarse detrás de ella. La chica apenas pudo presentirlo cuando el glande de Eliseo ya comenzaba a empujar en su virgen vagina.

La chica entró en terror pero en el fondo también estaba ansiosa de que aquella verga la penetrara hasta el fondo; el día anterior había quedado tan caliente que su desilusión fue grande al ver como Eliseo se había ido a dormir. Había esperado toda la noche sin poder dormir y durante todas las horas de clases para este momento; deseaba ya que ese pedazo de carne la follara de una buena vez. El muchacho comenzó penetrando poco a poco, mientras el diámetro de su verga empujaba las paredes del estrecho coño de Pilar. A la muchacha le dolía un poco y sus manos se aferraban y apretujaban las sabanas. El falo de Eliseo se abría camino y tuvo que hacer fuerza cuando una especie de elástico detuvo su camino.

- Duele - tuvo que admitir Pilar en aquel momento

Eliseo no dijo nada; se detuvo un poco a pensar y en seguida continúo empujando. Algo se resistía al tiempo que Pilar echaba su nuca hacia atrás con tal de soportar aquel dolor. De pronto, tras forzar un poco más, Eliseo pudo por fin penetrar a la chica. Un hilo de sangre fluyo del coño de la chica pero Eliseo prefirió no mencionarlo. Pilar dejo de sentir dolo poco a poco mientras Eliseo comenzaba la lenta y progresiva tarea de meter y sacar su verga de aquel estrecho coño.

Se trataba de un coño pequeño, de cuyo frente apenas y brotaban los vellos más finos. Eran vellos oscuros como su cabello pero daban la impresión de ser rubios por la delgadez que tenían. Tocarlos y acariciarlos era probablemente la muestra más exacta del concepto de suavidad. Eran tan finos y delicados que Eliseo se tragó varios sin darse cuenta mientras le realizó el sexo oral. Ahora aquella suavidad rozaba ligeramente la piel de la verga de Eliseo, el cual se sentía tan sensible en aquella situación que podía incluso contar cuantos de aquellos delicados vellos rozaban su falo.

La tarea no era del todo fácil; Eliseo tuvo que asumir la responsabilidad que conlleva despojar de la virginidad a una chica como Pilar. Debía tener cuidado de no lastimarla mientras su verga se deslizaba dentro de la apretada vagina de la muchacha. Esta se retorcía de placer y dolor, quería enterrar su cabeza en el colchón mientras su coño comenzaba lentamente a dilatarse. El dolor disminuía poco a poco para después dar paso a un placer intolerable que recorría cada uno de sus nervios. Sentía como su hermanastro aumentaba la velocidad y como el calor de su coño abrazaba aquel falo.

Eliseo calculó bien y, para cuando comenzaba con un normalizado mete y saca, el coño de Pilar ya estaba completamente humedecido y con la dilatación justa para disfrutar de aquello. Los inevitables gemidos salían poco a poco de la entreabierta y fresca boca de la muchachita. Los ojos de su hermanastra parecían voltearse mientras taladraba su recién estrenado coño con su verga. Las manos del muchacho, posadas sobre cada una de las suaves nalguitas de la chiquilla, mantenían alzado aquel culito mientras le repartía placer en cada topada entre su verga y el coño de Pilar. Sus testículos rozaban el agradecido clítoris de la muchacha mientras esta elevaba el nivel de sus gemidos. Ambos sudaban ya mientras sus cuerpos se precipitaban en el turbulento acto de gozo.

El deleite de la chica le hacía morderse los labios inferiores mientras gemidos y grititos escapaban de vez en cuando de su anudada garganta. Su piel se había crispado mientras su corazón no paraba de latir con una fuerza extraordinaria. El falo entero del muchacho salía completamente de aquel mojado coño para después precipitarse hacia dentro de nuevo, provocando excitación a ambos en cada ir y venir.

Cuando Eliseo tomó ritmo posó sus manos sobre la delicada espalda de la menor de sus hermanastras, la acercó alzándola hacia su pecho mientras sus dedos se abalanzaban sobre los botones de la sudada camisa blanca que aguardaba el hermoso pecho de la chica. Su pene no dejaba de entrar y salir mientras la muchacha no podía más que dejarse llevar por todo aquello. Todos los botones de su camisa estaban ahora desabrochados y la prenda dejaba caer sobre el culito alzado de Pilar que aún era ocultado por su faldita de rayas azuladas.

Las manos de Eliseo se entretuvieron un poco más para retirar el sostén de entrenamiento de su hermanastra; listo esto, las nacientes tetitas de la chica y sus rosados pezones quedaron libres y al aire. Fueron recibidos de inmediato por las manos de su hermanastro quienes acariciaron su sensible piel. El placer de todo aquello era indiscutible; Pilar sentía el masajeo de sus senos al tiempo que una verga se paseaba dulcemente en su coño. La chica gemía y gemía mientras su nuca se apoyaba regocijada sobre el pecho sudado de Eliseo. Las manos de Eliseo se movían con tal intensidad que la chica nunca supo en que momento su falda fue despojada de su culo y lanzada al suelo para dejarla en una completa desnudez.

El muchacho no perdía el tiempo en aquel preciado momento, sus manos recorrían con libertad el delicado y formidable cuerpo de Pilar; sus manos bajaban como resbaladilla desde los tiernos senos, a través de la cinturita que le llevaba al redondo y suave culo de la chica, donde sus manos se detenían para acariciarlas y sentir el cielo. Cualquier cosa le agradaba a Pilar, quien de pronto se estremeció ante una inexplicable tensión; su cuerpo se endureció y sus puños se cerraron cuando de inmediato un chorro de líquido invadió su coño y un torrente de placer recorrió todo su cuerpo. Sentía que se desmayaba mientras sus fuerzas se agotaban.

Eliseo advirtió el orgasmo que la chiquilla acababa de experimentar pero no detuvo la marcha y continuó embistiéndola mientras su hermanastra no tenía otra opción que retorcerse sobre el colchón y restregar su cara en él. Gemía con mayor fuerza, como pidiendo auxilio, pero no se atrevía a exigir a Eliseo que se detuviera; estaba dispuesta a soportar todo el placer de aquel momento y de los que fuesen a llegar. Se sentía bien, le encantaba todo aquello y se sentía libre y feliz de saberlo y disfrutarlo.

El sudor de ambos los hacia resbalarse con sus propios cuerpos; ambos pensaron en encender el aire acondicionado pero ninguno de los dos se atrevía a separarse el uno al otro. Descansaron un rato del ajetreo pero Eliseo ni siquiera sacaba su verga de aquel coño estrecho que le abrazaba con su calor juvenil toda la carne de su falo. Era tal sensación de placer y deseo que el muchacho estaba estremecido de no poder creer en lo que le estaba sucediendo; durante el largo rato que se mantuvieron en silencio. Pilar sentía en su interior cada detalle, cada vena y cada movimiento de la verga que se alojaba en su coño; su cuerpo fue recorrido por una sensación eléctrica cuando sintió sobre sus espaldas un beso por parte de su hermanastro; un beso en el que el muchacho agradecía todo, absolutamente todo aquello que estaba ocurriendo.

Escucharon el abrir de la puerta y un murmullo de voces que no se dieron el tiempo de reconocer; un impulso los hizo querer dirigirse directamente hacia sus ropas. Parecían dos ladrones huyendo de la escena del crimen; y su alarma aumentó cuando unos pasos acelerados subieron las escaleras. Eliseo olvido la ropa y se apuró, completamente desnudo, de un salto a la puerta que se encontraba entreabierta. Pilar, congelada en incertidumbre, parada en una esquina, solo ocultaba hasta donde podía su precioso cuerpo desnudo colocándose encima los dos únicos trapos que había alcanzado a tomar: los calzoncillos de su hermanastro y su falda escolar arrugada por el ajetreo. Cuando Eliseo alcanzó a asomarse, pudo reconocer antes de cerrar la puerta que quien había llegado era Blanca.

- ¿No estarías en casa de Liliana? - preguntó sorprendido de que llegara a casa a esa hora.

Pero Blanca no pudo responder de inmediato; la verga de su hermanastro estaba completamente a la vista y, aunque su erección se desinflaba lentamente, aún conservaba dimensiones suficientes para que un temblor recorriera su cuerpo y una sensación invadiera a su coño. Tardó unos segundos en componerse, y para Eliseo fue evidente el rubor en el rostro de su hermanastra; rescatando un poco de lucidez, la chica le respondió al tiempo que entraba al baño para lavarse el rostro.

- Sólo compramos el material - dijo, mientras el agua del grifo caía sobre su manos y lavaba su cara - Yo voy a armar el trabajo; una parte solamente, el resto lo terminaremos en la escuela.

- Ah, bueno - murmuró Eliseo, quien recordó su desnudez y volteó hacia su cuarto para buscar alguna de sus prendas mientras Blanca terminaba de lavar su cara.

Pero el muchacho no encontraba sus calzoncillos hasta que fijó su mirada en Pilar; rápidamente le hizo una seña a la chiquilla y esta no tuvo más opción que lanzarle la prenda; la pobre chica, sin atrever a moverse de su lugar no sabía ahora si taparse sus tetitas o su coño; optó, finalmente, por vestirse rápidamente con la falda y tapar con sus brazos cruzados la desnudez de su torso.

Blanca salió de pronto; dirigiéndose hacia las escaleras cuando, sin que Eliseo lo contemplara, se dio la media vuelta y se acercó a la puerta del cuarto de su hermanastro y de un solo empujón la abrió por completo. Se encontró con la mirada de espanto de su hermana menor y escaneó rápidamente la desnudez de la chiquilla.

- ¿Todo bien? - preguntó Blanca, y Pilar solo pudo contestar afirmativamente con un movimiento de su apenado rostro.

Blanca salió del cuarto y miró rápidamente a Eliseo, que no podía ocultar lo vergonzosa que le resultaba aquella situación.

- No hay problema - murmuró Blanca, con una sonrisa extraña que el muchacho no logro interpretar

Blanca se acercó a él y se dejó caer sobre sus rodillas; bajó de golpe los calzoncillos del muchacho y tomó suavemente aquella verga con su mano. Estaba apenas perdiendo su erección, por lo que no pasaron muchos segundos hasta que la situación le provocó un endurecimiento total. La chica mamó aquella verga con una prisa extraña, casi desesperada; se ayudaba de sus manos para masajear aquel pene que de todas formas ya estaba a punto de eyacular cuando estaba con Pilar. Le excitaba pensar que Blanca chupaba su verga recién salida y aun impregnada de los jugos de Pilar; sentía una sensación de poder tal que acariciaba los cabellos de Blanca como si esta fuese una mascota.

Blanca estaba completamente distinta; parecía una experta en el arte de chupar falos, y la única explicación que Eliseo encontró a aquello fue recordar la afición de la chica por las películas pornográficas. Blanca chupaba hasta el fondo y de pronto sacaba el falo lleno de su propia saliva para dirigirse a chupar los testículos de Eliseo sin dejar de masajear el largo de aquella verga con su mano. Todo era con tal precisión y habilidad que parecía ensayado. Unos sonidos bajos pero extraños salían de la boca ansiosa de la muchacha mientras se tragaba todo lo que podía de aquella verga; de pronto disminuía la velocidad y chupaba con ternura, solo para regresar repentinamente a los movimientos enérgicos que hacían que el cuerpo de su antes tan odiado hermanastro se estremeciera de placer.

De pronto, Eliseo sintió que la eyaculación estaba próxima y, tomando la cabeza de la chica, la apretujó lo más que pudo contra su verga. Un líquido caliente fue expulsado dentro de la boca de Blanca que respiraba como podía al tiempo que miraba a su hermanastro con una mirada sumisa que el muchacho recibió con beneplácito. El muchacho finalmente sacó su verga de aquella boca y señalo las mejillas de la chica, donde escurría un poco de líquido que escapó. Sin problemas, la chica limpio sus mejillas con su dedo que finalmente se llevó a la boca. Todavía complació más al muchacho limpiando el exceso que había quedado en el glande de aquella verga; y, como si no fuera suficiente, abrió su boca para que Eliseo pudiera constatar que todo su semen había sido tragado.

Eliseo no pudo más que quedarse callado; si Blanca le intentaba comunicar algo con aquel extraño comportamiento era algo que iba a tardar en digerir. La chica, sin perturbación visible, le dijo:

- Voy abajo – le avisó mientras vestía cuidadosamente a Eliseo con sus calzoncillos - terminaremos como en media hora.

La chica se puso de pie y bajó velozmente, y en seguida se escucharon las voces de ella y su compañera de clases. Eliseo se quedó pensativo algunos segundos y regresó a su cuarto; asegurándose esta vez de cerrar con seguro. Se encontró con la angelical figura de Pilar, que seguía inmóvil en la misma esquina y se mantuvo así todavía un buen rato hasta que un rayo de lucidez la hizo regresar a la realidad y rápidamente agarró sus prendas. Solo encontró su sostén y su blusa; pero estaba tan nerviosa por aquella situación que se escabulló como animalito y salió rápidamente del cuarto.

Eliseo no la siguió, comprendió la situación que pasaba su hermanastra y solo se sentó en su cama a pensar las cosas. Su mirada recorrió el cuarto y curiosamente dio con las bragas de Pilar; se puso de pie y las tomó. Eran unas bragas preciosas: rosadas, hechas de fibra de un algodón suave, con un aspecto infantil, y húmedas en el frente por la excitación de la muchacha. Él las olió y el olor invadió su cuerpo y aceleró el latir de su corazón hasta el punto que una nueva erección se asomaba bajo sus calzoncillos. Se liberó de ellos, y su erección creció con la desnudez. Eliseo se volvió loco; arrojó las bragas y salió del cuarto.

Pensaba dirigirse al cuarto de sus hermanastras; pero escucho toser la voz de la chica. La puerta estaba entreabierta y la miró sin que esta se percatara mientras lavaba su rostro; no se había vestido con la blusa y el sostén; de modo que solo la falda la vestía en ese momento. El muchacho, completamente loco de deseo, no dudo un segundo en entrar. La chica se sobresaltó pero se mantuvo inmóvil en la misma posición que curiosamente parecía ceder su culo a los deseos del muchacho. Pero este la tomó de los hombros y la volteó; la miró fijamente y enseguida le estampó un beso del que ambos no pudieron separarse por casi un minuto. La abrazó como si no quisiera perderla nunca, y la pobre chiquilla estaba tan emocionada por todo lo sucedido hasta entonces que estaba perdiendo el concepto de realidad que durante años se había forjado en su mentalidad. Cuando el beso acabó, Eliseo solo dio una orden.

- Vamos a tu cuarto - dijo - Agarra tus cosas.

Pilar obedeció y en menos de un par de minutos ya se encontraba acostada sobre su cama, pura hasta entonces, con el cuerpo desnudo de su hermano entre sus piernas, con un pene bien erecto atravesando su coño y con unos labios prohibidos besándola sin pausa alguna. Eran más lentas pero más apasionadas las suaves embestidas que la excitaban de la misma forma, o incluso aún más, a la chica. Pasaron minutos y minutos en los que Eliseo aprovechó para explorar los detalles más íntimos de la piel de la muchacha. Sin si quiera advertirlo, el muchacho había provocado dos orgasmos a su hermanastra; los más hermosos que ella había sentido hasta ese día. Aunque Eliseo aun no perdía su erección tuvo que darse un descanso a petición de la agotada muchacha.

Se tumbaron sobre la cama; Pilar se acostó a su lado y apoyó su cabeza sobre el pecho de Eliseo que manoseaba suavemente su culo. Sus dedos jugueteaban suavemente con los líquidos expulsados desde el interior de aquel coñito; Pilar sonreía satisfecha ante aquello.

Minutos después escucharon las voces y el alboroto de Blanca, que despedía a Liliana; se asustaron al principio al creer que se trataba de sus padres pero recordaron tranquilos que aún faltaba casi un par de horas para que ellos llegaran. Escucharon los pasos de Blanca e inmediatamente la vieron entrar, sin alarmarse esta vez, con naturalidad al cuarto. Blanca sonrió ante la barbaridad que sus ojos veían, pero terminó acostándose junto a su hermanastro. Complacido, Eliseo besó a Blanca mientras sus manos se divertían con el culo desnudo de Pilar y  enseguida se dirigieron a la entrepierna tibia bajó el uniforme deportivo de Blanca.

El muchacho estaba cansado pero un impulso natural le empujó a seguir con la faena y no desaprovechar aquel sueño en el que estaba inmerso. Pilar, sin problema alguno, asistió a su hermanastro y le ayudó a desvestir a su propia hermana. La mayor de las hermanas ni siquiera notó esto, estaba cegada en el deseo que llevaba encima. Sin duda alguna, se dejó despojar de sus ropas mientras las manos de su hermanastro recorrían todo su cuerpo.

Sin importar las dos erecciones anteriores, el pene de Eliseo se preparaba ya para la siguiente faena. Blanca se encontraba solo con las bragas y el sostén puesto; pero estos no duraron mucho pues, casi al mismo tiempo, Pilar la despojó de las bragas mientras su hermanastro le desabrochaba el corpiño.

Apenas se retiró la tela, sus pezones fueron recibidos por los ansiosos labios de Eliseo. Por su parte, Pilar solo se mantuvo en su lugar, hincada en la posición de una geisha. No sabía qué hacer, pero le empezaba a gustar lo que miraba; la lascivia se había convertido en una constante dentro de sus pensamientos. No solo le había terminado por gustar el mantener relaciones sexuales con su hermanastro, sino que comenzaba a agarrarle el gusto a ver a su propia hermana ser follada por él.

También a Blanca le había sucedido algo parecido, y no tenía ningún problema de ser grabada, observada e incluso tocada por su pequeña hermana mientras cogía con su hermanastro. Algo similar a cualquier droga había cambiado las adolescentes mentes de los tres, y era algo que no daba muestras de terminar pronto.

Dejándose llevar por aquel ambiente de erotismo, Pilar se acercó por detrás de su hermanastro y le intentó abrazar torpemente, pues el muchacho estaba entretenido besuqueando las tetas, el cuello y los labios de una Blanca que se ponía cada vez más caliente. La mayor de las hermanas, cegada seguramente por la excitación, notó el comportamiento de su hermanita y se le ocurrió el mayor de los atrevimientos hasta entonces: sin mediar palabra, la tomó por la nuca y la acercó a su pubis.

La primera reacción de Pilar no fue lo esperado, se intentó alejar ante aquello. Eliseo se dio cuenta de esto; los tres se detuvieron por primera vez. Era obvio que Pilar se sentía incomoda con la idea de realizarle sexo oral a su hermana; no era algo tan sencillo de decidir después de todo. Blanca se sintió avergonzada con aquello, y esto se notaba en su enrojecido rostro. Incluso Eliseo se sintió como un idiota; al grado de que se preguntaba si aquello era correcto más allá de los placeres.

Pasaron largos segundos, y Pilar notó la incomodidad de aquel momento. Ahí estaban los tres; hacia menos de una semana que se comportaban como cualquier trio de hermanos y ahora estaban ahí, completamente desnudos y en medio un torbellino sexual.

Pilar se dio cuenta de que estaba provocando lo que podría ser la ruptura de aquello; no sabía cómo remediarlo pues su intención no era acabar con todas aquellas cosas que seguramente estaban por venir. A ella le gustaba todo aquello, sí, pero, ¿chupar la vagina de su propia hermana? Era algo que desde luego le incomodaba así de pronto pero, finalmente, ¿qué más daba? Armándose de valor, se acomodó frente a su hermana. Ante la expectación de los dos mayores, abrió con suavidad las piernas de su hermana y dirigió sus labios al coño tembloroso.

- Pilar – la detuvo con voz entrecortada – si no quieres no.

Pilar la miró, casi con compasión y, sin mediar palabra, besó los labios vaginales de Blanca. La hermana mayor se estremeció con aquello, su piel se enchinó y era capaz de sentir cada movimiento de la boca de su hermanita. Pilar hacia aquello con tal calma que parecía estar catando el sabor del coño. Volvió su mirada directamente a los ojos

- Si – le dijo con una voz tan suave como sus besos – si quiero.

Eliseo, que seguía sin poder creer todo aquello, sintió en el fondo un suspiro de tranquilidad al concluir que todo seguía viento en popa. Pero se mantuvo un momento como observador del oral que Pilar le practicaba a su hermana mayor. Al principio la chiquilla era torpe, pero poco a poco los gemidos de su hermana mayor se intensificaban y era así como sabía que iba por el camino correcto. Contrario a lo que se imaginaba, chupar un coño no era tan difícil ni desagradable; y, en el fondo, le parecía excitante la idea de provocar todo aquello a Blanca.

Pasados algunos minutos, Eliseo se atrevió a unirse a la fiesta. No sabía ni por dónde empezar, por un lado estaba el culito levantado y expuesto de Pilar y por el otro las tetas y la boca gimiendo de Blanca. Se le podía ocurrir cualquier cosa pero optó por una; abierto de las piernas, se colocó cuidadosamente sobre el cuello de Blanca y le ofreció su verga erecta. Blanca no tuvo ningún inconveniente y, a pesar de los gemidos que su hermanita le causaba, recibió de buena gana aquel falo y lo chupó con deleite. Ahí estaban de nuevo los tres, dándose placer.

A pesar de su torpeza inicial, Pilar no tardó mucho en provocar el primer orgasmo a Blanca, que se sintió un poco avergonzada al darse cuenta que la cara de su hermana había sido parcialmente salpicada por sus líquidos vaginales. Pero a Pilar no pareció importarle mucho pues incluso aumentó la pasión en sus labios, obligando a Blanca a sacar la verga de Eliseo de su boca y gemir fuertemente mientras su cuerpo se tensaba.

Eliseo decidió que era momento de cambiar posiciones y colocó a ambas chicas en cuatro sobre la cama. Era obvio que no iba a poder penetrar a ambas al mismo tiempo pero el solo hecho de observar aquellos dos culitos dispuestos solo para él ya era todo un deleite. Decidió iniciar con Blanca, a quien consideraba la más urgida en ser penetrada, y en realidad era así.

Perfectamente dispuesta, la chica disfrutó cada segundo en que el pene de su hermanastro se clavaba entre sus labios vaginales. Posterior a esto, sentía como aquel glande se remojaba dentro de su coño para inmediatamente sentir los primeros bombeos. Había esperado con desesperación para ese momento, sabía que no faltaba ni una hora para que sus padres llegaran pero deseaba que el tiempo se detuviera un poco para que Eliseo la follara a plenitud.

Eliseo aumentaba poco a poco los bombeos sobre aquel coño, mientras su mano derecha se dedicaba a ofrecer a Pilar un poco de placer. La chiquilla en realidad hubiese preferido aquella verga que daba placer a su hermana, pero era lo suficiente compasiva para esperar. De un momento a otro, Eliseo pareció volverse un animal y aumentó el ritmo de tal forma que Blanca cambio sus gemidos por gritos. Pilar veía aquella imagen con erotismo, solo ver a su hermana y a su hermanastro en aquella salvajada le provocaba una inundación en su coño.

No tardó mucho en llegar el siguiente orgasmo de Blanca, quien pidió a gritos una pausa que Eliseo no concedió, pues siguió taladrando a la muchacha con la misma intensidad. La pobre Blanca tuvo que dejar escapar algunas lágrimas con todo aquel placer que recibía en su vagina.

Mientras se follaba a Blanca, Eliseo posaba su mirada en dos figuras que le estaban volviendo loco. No paraba de enfocar su vista en la entrada del ano de ambas chicas. Se trataba de dos asteriscos perfectos y apretados; y a pesar de ser hermanas, ambas chicas tenían esfínteres con características muy distintas. El culo de Blanca era claro, con una entonación central más bien rosada. Pilar, por su parte, tenía un ojete aún más apretado y pequeño aun, y en vez del tono rosado de su hermana tenía agujero más bien oscuro. La sola idea de romperle el culo a ambas le estaba volviendo loco, pero le parecía una proposición tan grave que temía que eso provocara el acabose de aquella aventura. Sabiamente, prefirió esperar, al menos por el momento.

Pasaron los minutos y otro orgasmo llegó para Blanca; agotada, la muchacha se dejó caer sobre la cama. Eliseo, rabioso de placer, sacó su verga de Blanca y se posó detrás de Pilar, que seguía pacientemente esperando en la misma posición en cuatro, exponiendo sin tapujos la belleza de su culo.

Eliseo solo tuvo que magrear un poco con su pene aquel coño ya dispuesto a ser penetrado. Apenas vio la oportunidad, clavó de golpe su falo en la pobre chica, que esta vez no recibió los mismos cuidados de hacia unas horas. Pero Pilar no se sintió enfadada, al contrario, deseaba ser tratada de la misma salvaje forma con la que hacía unos momentos su hermana había sido follada. Quería ser maltratada, quien sabe por qué, pero eso quería.

Sin saberlo, Eliseo le cumplía sus deseos taladrando velozmente aquel coñito. Pilar gritaba como loca ante cada embestida, y al igual que Blanca, no pasó mucho tiempo cuando las lágrimas brotaron de sus ojos.

- ¡Cabrón! – gritó, llamando la atención de los otros dos, que nunca la habían escuchado decir semejante palabra – ¡Sigue, sigue! ¡Cabrón! - repitió

Y el cabrón de Eliseo no pudo más que obedecer; y siguió penetrando con gusto a su pequeña hermanastra. La muchacha sintió también la misma sensación que Blanca había experimentado hacia algunos minutos: llegado el primer orgasmo, Eliseo no le permitió descansar, sino que aumentó el ritmo y la fuerza de sus embestidas, no dejándole a la chiquilla otra opción que revolver su cara sobre la almohada.

Justo en ese momento, Eliseo presintió por fin lo que había estado deseando desde hacía mucho: un torbellino se sintió a lo largo de su falo y enseguida un chorro de semen y esperma se precipitó en el interior de Pilar; era la primera vez que Eliseo eyaculaba dentro de la chica y, sin duda, esto le dejaba satisfecho. También la muchachita disfrutó el calor de aquella viscosa sustancia en su coño.

Pasados algunos segundos, Eliseo sacó su falo del interior  de Pilar, tomó sus cosas y se retiró hacia su cuarto. Así, como si nada, el muchacho había abandonado a sus hermanastras desnudas, agotadas y recién folladas, como si de un par de putas se tratara.

En realidad, Eliseo se había ido tan precipitadamente por qué no faltaban más de quince minutos para que sus padres llegaran. Veinte minutos después, los padres llegaron y se encontraron con la normalidad de todos los días. No podían ni siquiera imaginar lo que en esa casa sucedía en cada una de sus ausencias. No se imaginaban siquiera la posibilidad de ello. No sabían en lo absoluto como Eliseo se follaba por las tardes a las dos hermanas, y probablemente no lo sabrían nunca.

Fueron semanas de locura; casi todos los días Eliseo recibía alguna mamada o algún encuentro fugaz por parte de Blanca. Nada le encantaba más que la idea de tenerlas a ambas al mismo tiempo; pero rara vez se presentaba la oportunidad. Peor aún, Pilar, por alguna extraña razón, comenzó a pasarse tardes enteras en casas de sus compañeras de clases. Esto volvía loco a Eliseo que la deseaba como a nada en el mundo; sentía el temor a perder los placeres que esta le había dado y apenas le bastaba con los arrebatos sexuales con la hermana mayor para soportar aquel deseo. En su paranoia, el muchacho llego a temer que esa era la forma de Pilar de alejarse de él para siempre. Para cuando Pilar llegaba a casa, lo hacía con sus padres.

Pero un respiró llegó cuando Eliseo cumplió los dieciséis años; durante las horas de ausencia de los padres las dos muchachas llevaron a la cocina a su hermanastro y le regalaron un pastel individual al que el muchacho sopló la vela y se comió con gusto, pues era además el primer detalle que alguna de ellas le regalaban desde que Eliseo llegó a aquella casa.

Apenas terminó de comer el pequeño postre, Blanca se precipito bajo la mesa ante la sorpresa del muchacho. Pilar, por su parte, se encargó de alejar la mesita de ahí y se dirigió enseguida a acompañar a Blanca en la tarea de desvestir los bermudas de Eliseo. La situación era tan excitante que para cuando las dos hermanas lograron quitarle el calzoncillo a su hermanastro, este ya tenía la verga perfectamente erecta.

Aunque fue bastante rápido, Eliseo creyó ver en cámara lenta cómo Pilar y Blanca se arrodillaban, hombro con hombro, ante su desnudo y erecto falo. Las dos lo miraron a los ojos, parecían esperar el pitazo de arranque. Congelado de placer, Eliseo intentó hablar sin que de su boca pudiera salir sonido alguno. Las chicas rieron, divertidas por la escena, entonces Blanca decidió tomar el caso.

Llevó su mano a la endurecida verga de su hermanastro y, en vez de llevársela a la boca, como Eliseo ansiosamente esperaba, le ofreció el enrojecido glande del muchacho a Pilar quien, tras soltar una risita, abrió grande la boca y engulló la cabeza de aquel falo.

De alguna manera Pilar había mejorado sus principios de sexo oral, pues los movimientos de sus tiernos labios masajeaban con verdadera gracia a la agradecida punta de aquella afortunada verga. Cuando Pilar concluyó su turno, Blanca se dispuso inmediatamente a relevarla, sólo que sin limitarse al glande sino tragándose prácticamente todo el tronco, hasta donde las paredes de su garganta se lo permitían.

Ambas vestían con sus respectivos uniformes escolares. Blanca, de camisa blanca, y falda de cuadros negros y rojos, la misma con la que la había hecho suya la primera vez. Pilar, con falda azul y blanca, camisa blanca y un simpático corbatín de la misma trama que la falda. Blanca tenía el cabello suelto, mientras que su hermana lo llevaba agarrado de una perfecta coleta, reforzada con un poco de espray. Tenían un aspecto tan colegial que Eliseo sentía fundirse de goce.

Se dispuso entonces a disfrutar tremendo regalo. Pronto iniciaron un juego en el que Eliseo elegía con una suave caricia quien de ellas debía masajearle la verga con su boca; a veces hacia trampa, y las invitaba a las dos al mismo tiempo. Entonces las hermanas se repartían cada lado de su falo, besándole y lamiéndole toda la envergadura de su tronco.

Cuando la excitación estaba en su máximo punto, Eliseo atrajo la cabeza de Blanca hacia su pene, enterrándoselo hasta que pudo sentir la pared de su garganta chocando contra su glande. Instintivamente Blanca trató de alejarse, pero la resistente mano de Eliseo se lo negó. Durante breves segundos la atraganto con su falo, y la chica tosió y abrió la boca para respirar entre arcadas una vez que su hermanastro la liberó.

Sabiendo que seguía ella, Pilar se dejó llevar sin problemas. Más pequeña, soportó aún menos aquello, pero eso no evitó que el muchacho la penetrara hasta provocarle unos espasmos que casi se convertían en vomito. Decidió entonces dejarlas un poco más tranquilas, disfrutó de nuevo sus suaves mamadas mientras él se desvestía su camiseta, antes de pasar a lo siguiente.

Entonces las hizo ponerse de pie, no sin antes recibir un beso final de cada una en la punta de su verga. Las atrajo hacia sí, agarrándolas con sus manos en cada uno de los respectivos culos que estaban a su disposición. Besó a Blanca, y después a Pilar. Creyó por un momento que las hermanas se besarían después entre ellas, pero el mundo no siempre era perfecto. Mientras volvía a besar los labios de Blanca, sus manos se deslizaron bajo sus faldas. No se sorprendió, aunque su verga sí que se endureció más, cuando descubrió que ninguna vestía bragas. En vez de ello sus dedos se deslizaron directamente entre los húmedos labios vaginales de las chicas.

Mientras hacía aquello, su creativa mente comenzaba a planear el siguiente paso. Se le ocurrió entonces pedirle a la Blanca que se sentara sobre la silla, ella obedeció, y entonces Eliseo le hizo abrir ampliamente sus piernas, haciéndola mostrar con todo su esplendor su mojado coño. El siguiente paso fue sentar a Pilar sobre su hermana mayor, con las piernas tan abiertas como ella. Tuvo que pedirle a Blanca que se sentara lo más en la orilla posible, y la chica tuvo que hacer un esfuerzo circense para mantenerse así con Pilar encima de ella.

Las chicas no entendieron bien cuál era el objetivo de aquello, hasta que de pronto vieron a su hermanastro caer de rodillas frente a ellas. Había tenido unas ganas inmensas de deleitarse con aquellos coñitos, y aquella parecía la ocasión perfecta. Pilar sintió entonces los labios de Eliseo caer sobre su excitada conchita, la lengua de su hermanastro se introducía furtivamente entre sus labios y entonces se elevaba para apretujar con su boca su sensible clítoris.

Pilar disfrutó de las caricias que Eliseo regalaba a su entrepierna, y casi suspiró decepcionada cuando este se alejó, para hacer lo mismo con Blanca. Durante más de cinco minutos, Eliseo se deleitó con los jugos de sus hermanastras. El de Blanca, tenía un sabor más agrio, con un tenue hedor a orina que, sin embargo, no le desagradó. Pilar, en cambio, tenía un aroma mucho más sutil, que extrañamente le recordó al dulzón aroma de la comida china.

La única que pudo correrse fue Blanca, que tuvo que soportar como pudo el momento en que la boca de Eliseo se estacionó indeterminadamente en su clítoris. La pobre chica tuvo que apretujar los pechos de Pilar y morderle suavemente su espalda para soportar lo que su hermanastro estaba provocando entre sus piernas.

Entonces le hizo cerrar las piernas a Blanca, y la ayudó a sentarse más cómodamente, sin que Pilar cerrara sus piernas ni se pusiera de pie. Todo lo contrario, Eliseo ordenó a Blanca que sostuviera las piernas de su hermana, manteniéndolas abiertas; Pilar se acomodó con ayuda de Eliseo, con la parte superior de sus nalgas sobre las rodillas de su hermana, ofreciendo su inquieto coño a su hermanastro.

Entonces Eliseo tomó posición, dirigiendo su glande a la apretada y jugosa concha de su hermanastra. Entró con una facilidad sorprendente, aunque aquello no evitó los grititos que escaparon de la boca de la chiquilla. Ya dentro, Eliseo comprendió que bombearla sería menos sencillo; sintió como el estrecho coño de la chica abrazaba cálidamente su verga, y sólo pudo realizar unos lentos meneos que se intensificaron progresiva aunque remisamente.

Aquello no importó, a ninguno, más que a Blanca, que para no aburrirse envió una de sus manos a explorar los pechos de su hermanita. Desamarró el corbatín de Pilar, y desabrochó uno de los botones de la camisa, sólo para que su mano pudiera deslizarse hasta uno de sus senos, donde apretujó afanosamente sus tetillas.

Aquella escena calentó aún más a Eliseo, que se dispuso a aumentar la intensidad de sus embestidas. Eso provocó un aumento en el volumen de los gemidos que escapaban sin control de Pilar, quien parecía reventar del placer por las manos de su hermana y la verga de su hermanastro.

El coño de Pilar iba mojándose cada vez más, sus jugos chorreaban conforme la excitación aumentaba. Aquello permitió al muchacho aumentar cada vez más la intensidad de sus embestidas; a veces sacaba su falo, para tallarlo sobre el clítoris de la chica, lo que la volvía loca. Entonces volvía a penetrarla de nuevo, cada vez con una mayor intensidad. A veces eran rápidos pero suaves mete y saca, de pronto eran lentos pero fuertes embestidas, que parecían tener la intensión de partirla en dos.

- ¡Te gusta! – decía con la voz agitada Eliseo, sin que quedara claro si aquello era una pregunta o una afirmación.

De todos modos, la chica alcanzó a responder entre suspiros y gimoteos de placer.

- Sí, sí, ¡sí!

Las manos de Blanca habían hecho su aporte, Eliseo sostenía ahora las pantorrillas de Pilar mientras las manos de Blanca terminaban de desabrochar la camisa de Pilar, apoderándose después de sus dos tetitas. Eliseo tenía la certera sospecha de que tampoco Blanca llevaría en ese momento sostén alguno.

Todo aquel ajetreo tuvo entonces su efecto; Eliseo casi se vuelve loco cuando sintió los movimientos musculares que anunciaban el orgasmo que se estaba viniendo encima a Pilar. Sus gritos y gemidos aumentaron en intensidad mientras de su coño, que no dejaba de recibir los embates de Eliseo, comenzaba a chorrear un cristalino líquido.

- ¡Ya! – rogaba Pilar, mientras su hermanastro hacía caso omiso - ¡Ya, ya! ¡Ya!

Tampoco su hermana, Blanca, tuvo la suficiente piedad como para dejar de apretujarle sus pezones. Miraba divertida a Eliseo, y parecía reírse de los alocados gemidos que escapaban del desesperado rostro de Pilar.

Finalmente, la chorreante verga de Eliseo salió de Pilar. Se alejó repentinamente, mientras la concha de Pilar seguía palpitando. La chiquilla pudo entonces recobrar el aliento, mientras

Pareció planear rápidamente su siguiente posición, como un artista que evalúa los últimos detalles de su obra. Entonces se acercó a Pilar, y la hizo arrodillarse, con la orilla de la mesa sobre su cabeza. Después colocó a Blanca con las piernas abiertas sobre su hermana, y las manos recargándose sobre la mesa. Pilar sólo tenía que alzar los ojos para mirar el coño humedecido de su hermana, y bastaba la simple respiración para detectar el olor que evacuaba su concha. Sintió el impulso de meter su lengua ahí, pero entonces Eliseo se colocó tras Blanca y la penetró lenta pero firmemente hasta el tope.

Aún embadurnada con los jugos de Pilar, la verga de Eliseo se sumergió en el coño de la otra hermana. Entonces un lento meneo inició, sin embargo aquello fue suficiente para que los suspiros comenzaran a escapar de la boca de Blanca. Las manos de Eliseo se agasajaron mientras oprimían las suaves nalgas de la chica. Las embestidas sobre su coño fueron implacables; Eliseo no parecía buscar ya el placer mutuo, sino saciarse como un animal, castigando a su hermanastra con embestidas brutales que la hacían salirse de quicio, al tiempo que la lengua de la más pequeña le refrescaba los huevos.

En efecto, aunque Pilar nunca recibió más indicaciones de su hermanastro, comprendió que su papel sería besar y lamerle los testículos mientras este se follaba a su hermana. Aprovechaba las embestidas lentas, en las que podía llevarse a la boca un huevo entero. No pudo evitar satisfacer también a su hermana, a quien agasajaba con besos y caricias de sus labios en su castigada concha.

Pero aquello no duraría demasiado; el placer había llevado al muchacho hasta el tope. Sacó su falo de Blanca, y rápidamente la hizo arrodillarse a un lado de Pilar. Ambas chicas sabían lo que venía, y permitieron que las manos de Eliseo juntara sus cabezas mientras ellas esperaban impacientes con la boca abierta, mientras su hermanastro se masturbaba apuntando hacia sus caras.

Entonces, una serie de gruesos borbotones de leche se sobrevinieron sobre sus caras. Casi nada cayó en su boca; Eliseo apuntó a otros puntos más interesantes, como sus narices, sus ojos y su cabello. A Pilar no le agradó del todo la idea de quedarse casi ciega, pero entonces Blanca la tranquilizó, y le lamió los ojos, tragándose el semen de su hermanastro. Pilar entendió el juego, e hizo lo mismo con las partes sensibles que había sufrido el rostro de su hermana. Sus sonrisas recobraron, y miraron de nuevo a Eliseo.

Con los restos de semen aún cayéndoles sobre la cara, Blanca lanzó una sonrisa traviesa, al tiempo que hablaba.

- Pilar y yo estábamos pensando algo, antes de que llegaras.
- ¿Qué cosa? – preguntó satisfecho Eliseo, mientras sacudía su verga contra los rostros de las chicas.
- Que nos pidas algo; algo que quieras, o que quieras hacer, y nosotras lo cumpliremos.
- ¿En serio? – dijo pensativo Eliseo
- ¡Sí! – confirmó Pilar.
- ¿Lo que sea? – preguntó sonriente.

Pilar y Blanca se miraron. A esas alturas, ¿qué más podía pedir Eliseo? Se habían terminado por entregar por completo a él; cualquier cosa que les pidiera seguramente sería algo que harían de todos modos. Blanca trató de arriesgarse mucho, y pensó en la posibilidad de poner alguna especie de límite a la oferta, pero en vez de ello resolvió por mantener la oferta intacta. Lo que él deseara estaba bien.

Pilar fue más imaginativa; no tenía que ser tan mayor para saber que aún quedaba el sexo anal. No dudaba que aquella sería la petición de Eliseo, pero no se atrevía abrir la boca, a pesar de que la idea no le apetecía del todo.

- Lo que quieras está bien – confirmó Blanca, buscando y encontrando la mirada aprobatoria de Pilar.

Eliseo parecía pensativo, por su mente apareció un recuerdo, del que se desprendió el hilo de una idea surgida de lo más bajo de sus deseos. Trató de hablar, pero sus pensamientos no le permitían concluir. Entonces habló.

- ¿Qué les parece si lo pienso y mañana les digo?

Las chicas aceptaron. Sorprendidas, vieron cómo su hermanastro corría hacía su cuarto. Se miraron mutuamente, de ambas escurría aún el semen sobre sus rostros, ¿qué estaba planeando Eliseo? Cuando subieron a la ducha, Blanca alcanzó a escuchar a Eliseo, quien desde su cuarto hablaba por teléfono. Pero no parecía importante, era sólo Santino y parecían hablar sobre un trabajo escolar.

Al día siguiente, Eliseo se acercó a Blanca.

- ¿Estarás ocupada hoy?
- Estaré en la casa, ¿por qué?

- Perfecto – dijo Eliseo, sonriendo – Ya sé cuál es mi deseo.

Blanca miró a su alrededor.

- ¿Me lo dirás aquí?

Eliseo miró también a los lados, entonces la empujó hacía una zona donde había menos densidad de gente y comenzó a hablar en voz baja aunque atropelladamente.

- Hace unos meses Santino me comentó que su hermana, Sarah, no sé si la conozcas.
- Más o menos.
- Bueno, me dijo que creía que ella era lesbiana.
- ¿Cómo?
- O bisexual, más bien, ha tenido novios, pero Santino sabe que también se ha…
- ¿Relacionado?
- Exacto, con mujeres. O sea qué…
- No entiendo qué tiene que ver esto con tu deseo.
- Quiero que lo hagas con ella.
- ¿Con Sarah?
- Y con Santino, si se requiere, aunque de Santino se encargará Pilar

Una mirada de ira, similar a la de la tarde del plátano, apareció en el rostro de Blanca. Había ganado tanto afecto por Eliseo que había olvidado lo sin vergüenza que era. Tenía ganas de abofetearlo y alejarse de él para siempre, pero el recuerdo de los videos la reprimía. Lo de Sarah y ella se le antojaba asqueroso, pero lo de Pilar, la manera en cómo Eliseo resolvía entregarle a su hermana a su mejor amigo le parecía repugnante. Lloró, y eso sacó a Eliseo de su entusiasmo. Trató de tranquilizarla, pero Blanca se sentó en la orilla de un escalón y lloró afanosamente. Estaba atrapada, había creído que no, pero realmente estaba atrapada en cualquier ocurrencia de Eliseo.

Él sólo estuvo sentado al lado de ella, los alumnos entraban a sus salones y les dirigían una que otra mirada, pero nadie les interrumpió. Cuando se hallaron a solas ella no pudo llorar más, sonándose la nariz miraba hacía el frente, pensativa.

Sin el menor rastro de pena, Eliseo preguntó.

- Entonces, ¿lo harás?
- ¿Tengo opción?
- Creí que…
- No puedes vivir todo el tiempo haciéndonos esto.

Eliseo no dijo nada. El rostro serio de Blanca seguía fijo hacia lo que fuera que estuviese justo en frente.

- Bueno – dijo entonces - ¿y cuál es tu plan?

Eliseo le contó entonces todos los detalles. Blanca lo escuchaba con una combinación entre interés, repugnancia y una creciente curiosidad por saber si funcionaria. Cuando terminaron, sin que Blanca lo interrumpiera ni un momento, Eliseo la miró, esperando algún comentario de su parte.

- ¿Cómo sabes si accederán?
- Lo harán.
- De Sarah tengo mis dudas.
- Pues encárgate de que funcione.

Blanca, que parecía haber aceptado su destino, le dirigió la mirada por primera vez desde que la discusión comenzó.

- ¿Tú se lo dirás a Pilar?
- Se lo diremos los dos.

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